Samar: al otro lado del puente de San Juanico

 

A las 8 de la mañana del miércoles 23 de julio, como un clavito está la hermana salesiana Sister Jojo a la puerta de nuestro hotel para recogernos. Ella ha volado en el mismo día desde Manila. Ha llegado en un vuelo que ha despegado poco pasadas las 6 de la mañana y nos cuenta que llovía de tal manera que pensó que lo cancelaban y le hacían volar más tarde.DSC00734DSC00738

Vamos en un coche que han alquilado para el día, con ella y dos personas de su equipo local: Hajji, un chico cristiano, a pesar del nombre musulmán, que es natural de Tacloban y por eso la Hermana le ha enviado justo a la otra isla, a trabajar con las comunidades de Samar; y Medell, una chica tímida y calladita, que es de Samar y por eso es la que lleva el trabajo en las comunidades de la isla de Leyte (Libertad, en Palo, y Tanauan). Van vestidos con vaqueros y una camiseta azul clara, tipo polo, con el anagrama de VIDES, la ONG internacional de desarrollo que respalda el trabajo de desarrollo de las salesianas en todo el mundo. Sister Jojo está normalmente en la oficina de Manila, desde donde gestiona los DSC00739proyectos que tienen con un equipo de 7 personas y viaja frecuentemente aquí, pero son Medell y Hajji quienes llevan el día a día.

Vamos a visitar primero unas comunidades en la vecina isla de Samar. Salimos de Tacloban por la carretera que va hacia el norte y que cruza el estrecho de San Juanico gracias a un puente metálico de color rojo que lleva ahí más de 40 años y  que gracias a su estructura, a través de la que pasa el viento, ha aguantado perfectamente el impacto de los muchos tifones y tormentas tropicales de todos esos años; entre ellos, de Yolanda.

De camino a Marabut y Basey, las comunidades que vamos a visitar, vemos uno de los escasos emplazamientos donde se está realojando a los damnificados por Yolanda con una parte de recursos públicos, a los que se ha sumado la iniciativa privada. Vemos que hay gente a la que se ha trasladado a esta comunidad que sigue habitando una tienda de campaña de color gris y que DSC00661DSC00660 las viviendas son muy sencillas, construidas sobre una simple solera de cemento, con un material para las paredes semejante a hojas trenzadas de palma que pronto aprenderemos que se llama amakan, y un tejado de chapa metálica.

Lo importante es que según reza en el cartel de la entrada, esta gente ya ha constituido la comunidad de propietarios (homeowners’ association) correspondiente y eso es señal de que son los propietarios del suelo sobre el que han edificado sus viviendas y nadie les va a desalojar de allí, cosa verdaderamente extraordinaria en este país. Suponemos que la aportación pública ha consistido en el suelo y los materiales de construcción son los aportados por la fundación que también figura en el cartel, encargándose cada familia de aportar la mano de obra necesaria para levantar la casa (por eso es por lo que algunos siguen viviendo aún en la tienda de campaña).DSC00663

Comentamos con la Hermana uno de los programas públicos de reconstrucción de viviendas que la noche anterior, en nuestro paseo por el sucísimo puerto de Tacloban, hemos tenido ocasión de ver anunciado en el inevitable cartel de lona serigrafiada (tarpaulin, en inglés) que no puede faltar en ningún proyecto de desarrollo que se precie, ni en la vida de los filipinos en general, que utilizan este tipo de lonas para todo, desde colocar un rótulo de un tienda hasta honrar a los difuntos.DSC00646 Está escrito en tagalo pero no es difícil adivinar que ofrecen una ayuda de 10.000 pesos (unos 172 Euros) por familia para reconstruir viviendas, así como el acceso a créditos hipotecarios en condiciones muy favorables. Todo ello con el apoyo del municipio de Tacloban y los recursos de la agencia de la ONU encargada de vivienda (UN Hábitat).  Sister Jojo y los 2 técnicos de VIDES nos confirman algo que oiremos repetidamente de distintas fuentes a lo largo del viaje: que se ha quedado todo en colocar el cartel, porque ni los municipios ni las agencias estatales han soltado todavía, 8 meses después de la tragedia, ni un céntimo de los multimillonarios fondos recibidos para reconstruir viviendas.

La costa de esta isla ofrece bonitos paisajes, con islotes rocosos desperdigados por la bahía que albergan en muchos casos cuevas naturales, en las que mucha gente se refugió para huir de la furia de Yolanda, DSC00666en estas islas azotadas por más de 24 tifones por año en las que no hay centros de evacuación a los que acudir.

A lo largo del viaje, Alberto y yo pedimos a la Hermana que paren el coche en varios puntos para tomar fotos y comentamos el escaso desarrollo del turismo en este país, que tiene tanto que ofrecer, desde paisajes de postal o de anuncioDSC00667 del gel Fa (¿os acordáis de la playa, los cocoteros, la cascada, la chica….?) y oportunidades de turismo de aventura, buceo, vela,… hasta turismo cultural, visitando las ciudades y edificios coloniales. Hay algunas islas del archipiélago como Palawan, Bohol o Boracay, que cuentan con infraestructura turística y reciben un cierto número de turistas al año, algunos de ellos, estrellas de la música pop como Jennifer López o Madonna o de Hollywood, como su ex-marido Sean Penn, que viajan allí en plan lujazo y totalmente de incógnito. Pero Filipinas es el secreto mejor guardado de los Mares del Sur y el turismo dista mucho de representar un papel  tan destacado en la economía nacional como sí lo hace en otros países del Sudeste Asiático como Malasia, Indonesia o Tailandia: http://www.ocholeguas.com/2014/07/14/hoteles/1405335679.HTML

Cuando comentamos esto con los filipinos, salen a relucir la lógica duda y temor sobre el impacto que puede tener la llegada de turistas sobre los ecosistemas autóctonos y la vida local. Y siempre les ponemos el ejemplo del país que inventó el ecoturismo y que mejor ha sabido manejar, a través de él, el delicado balance entre entorno natural/vida local/biodiversidad y desarrollo económico: Costa Rica. Alberto vivió y trabajó allí durante unos meses y yo lo conozco bien como turista, así que a lo largo del viaje, cuando nos encontramos con algún paraje con especial potencial, siempre acabamos comentando entre nosotros lo mismo: ¡Anda que si esto lo cogen los ticos (=costarricenses)!

Llegamos a Marabut, donde las salesianas están trabajando en un programa de reconstrucción de viviendas con el apoyo de una DSC00670ONG católica de Singapur (Charis Singapur). En 3 barangays (barrios) de esta localidad y en el barangay San Antonio de Basey, las Hermanas están llevando a cabo un proyecto de reconstrucción de 300 viviendas y de generación de ingresos para las familias. El proyecto les proporciona los materiales de construcción (8 sacos de cemento por familia, bloques de hormigón, vigas de madera de coco, planchas de contrachapado de madera y chapa galvanizada para el tejado), por un importe de 15.000 pesos por casa (unos 260 Euros) y las familias ponen la mano de obra para reconstruir la vivienda.DSC00685DSC00691

 

 

 

 

 

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Es uno de los proyectos con mejores costes que vamos a encontrar en todo el viajeDSC00682. La Hermana nos cuenta que su equipo de Manila ha hecho una selección exhaustiva de proveedores para llegar a esos costes, y se nota. La gente está agradecidísima y nos confunden con la gente de la ONG singapurense que ha financiado el proyecto, de forma que en cuanto nos ven bajar del coche, salen a darnos las gracias y se apresuran a colocar en la pared de su casa, sujetándolo con pinzas de tender la ropa, unos carteles que alguien ha escrito (llevan todos la misma letra), expresando su agradecimiento.

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Es una comunidad con agua potable (disponible a través de unas bombas de mano situadas en la calle, como en la inmensa mayoría de las zonas rurales del país) y canales de drenaje, donde ahora, gracias al proyecto, reina una febril actividad constructora, centrada en la reparación de las viviendas. DSC00709

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Algunos hombres de la comunidad de Basey han constituido una pequeña empresa y están fabricando, con unos moldes de hierro que rellenan de cemento, los bloques de hormigón que se utilizan para las bases de las viviendas.DSC00705DSC00706DSC00718DSC00719DSC00715DSC00712DSC00716

 


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El no pagarle a la gente para que se construya su vivienda, como sí hacen otros proyectos que veremos, ha tenido un efecto dinamizador sobre la economía local y beneficioso sobre la cohesión de la comunidad: visitamos una familia que sobrevivió al hundimiento del piso superior de su casa sobre sus cabezas, con sus 3 hijos pequeños y la madre embarazada de 9 meses del cuarto hijo (nació apenas 10 días después del tifón). El padre de familia, que salió del encuentro con Yolanda con 19 puntos de sutura en la cabeza, trabaja en la construcción, por lo que se está encargando de reconstruir su casa y además ayuda a los vecinos menos capacitados a reconstruir las suyas. Otra familia, que no cuenta con mano de obra especializada, nos cuenta que ha contratado unos carpinteros para que les reconstruyan su vivienda.

 

 

Están pagando un jornal de 350 pesos (unos 6 Euros diarios) y parece que por aquí afortunadamente los costes no se han disparado, porque el salario normal de un carpintero antes del tifón estaba en unos 250 pesos y ahora, en otras zonas de esta misma isla de Samar, se están pagando salarios de hasta 450 pesos. DSC00696DSC00703

 

 

Empiezan a formar parte de nuestro vocabulario palabras que ya no abandonaremos en todo el viaje: hollow blocks (bloques de hormigón), marine plywood (planchas de contrachapado de madera), GI sheets (planchas de hierro galvanizado, para los tejados), coco lumber (vigas de madera de cocotero, para las estructuras de las casas).

 

 

Nos dirigimos después de vuelta a la isla de Leyte, para visitar las comunidades de Libertad y Tanauan. Volvemos a cruzar el puente de San Juanico y hacemos un alto en Tacloban para almorzar. Entramos en la ciudad por la zona del puerto y le hacemos las preceptivas fotos a un barco inmenso, el Eva Jocelin, que el tsunami provocado por Yolanda arrastró  hasta la carretera y que hemos visto en los informativos decenas de veces y se ha convertido en uno de los hitos de la ciudad. Se siente uno como si estuviera fotografiando la Estatua de la Libertad al llegar a Nueva York.DSC00740DSC00741

 

 

 

Terminado el almuerzo, viajamos hasta la comunidad de Libertad, perteneciente al municipio de Palo. Aquí, la organización de las Hermanas está reconstruyendo 200 viviendas, con financiación de Caritas Italiana. Se han puesto también en marcha programas de generación de ingresos, como el que ha permitido a unas cuantas familias comprar “triciclos” (las bicicletas con un carrito metálico unido que son el principal medio de transporte de personas aquí) que comparten entre cada 2 familias. Las mujeres vienen rápidamente a nuestro encuentro y se reúnen  bajo un tejado de chapa que hace las veces de sala comunitaria de reuniones, de escuela y de capilla.DSC00750

 

 

Observo que a uno de los lados hay todavía una familia viviendo en una tienda de campaña, probablemente con un calor inhumano. La Hermana le dirige unas palabras al grupo de mujeres y me invita a hablarles. Como hemos estado hablando de la posibilidad de apoyar un proyecto de generación de ingresos para ellas, les pregunto si no va a suponer un problema con sus maridos cuando sus pequeños negocios tengan tanto éxito que les hagan ganar más que a ellos y traer más dinero a casa. Y se parten de la risa, probablemente pensando que ojalá sea ése todo el problema.DSC00755

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Observamos que uno de los puntos fundamentales de la convocatoria de las mujeres es el reparto de un pequeño refrigerio (un zumo que viene en un sobre/bolsa y una especie de bollicao) al final de la reunión y que es probablemente la única merienda que toman los críos, que acuden en tropel en cuanto alguien saca la bolsa de la merienda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Uno de los proyectos de generación de ingresos que las Salesianas han puesto en marcha con estas mujeres, consiste en montar un pequeño colmado, una tiendecita en la que encontrar de todo. Las tiendas pertenecen a un grupo de 3 o 4 mujeres, que la gestionan y reparten sus beneficios. En otras partes de Filipinas, como Bicol, estas tiendas donde hay de todo y que constituyen el sitio donde acuden mayoritariamente a comprar la gente de los pueblos, se llaman “sari-sari shops”. Aquí se llaman “talipapa shops”. Cuando estamos subiendo al coche, vemos una de estas tiendas, y acodadas en el mostrador hay 3 mujeres de cháchara. Y entonces Hajji le dice a su compañera de trabajo, Medell: “Look at the women having their chismes at the talipapa shop”, o sea: “mira las mujeres contándose chismes en la tienda”. Se encuentran sorprendidísimos cuando les decimos que chismes es una palabra perfectamente española que significa exactamente lo mismo en tagalo y en español.

DSC00768DSC00771Y para terminar un día de lo más completito, visitamos una cooperativa de costura en Tanauan, que ya estaba en marcha antes de la llegada de Yolanda. Tienen un taller con varias máquinas de coser donde trabajan hombres y mujeres y un hermoso cartel a la puerta que anuncia la venta de tela, tal cual. Nos cuentan que venden telas por metros y confeccionan por encargo uniformes escolares y todo tipo de ropa. El negocio va bien, porque mucha gente perdió toda su ropa con el tifón y ahora tienen muchos encargos.

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Nos hacemos la preceptiva foto con Sister Jojo y su equipo y con la responsable de la cooperativa, y salimos de regreso a Tacloban con el tiempo justo para dejar a la Hermana en el aeropuerto poco antes de las 15.30, para tomar el vuelo de las 16.30 de regreso a Manila. Quedamos en mantener el contacto en estos próximos meses y estudiar la posibilidad de apoyar algunos proyectos de generación de ingresos para las víctimas del tifón, así como construir un centro de evacuación, cuando las Hermanas consigan comprar el terreno, porque dada la fragilidad de las viviendas de esta gente, y la carencia de este tipo de refugios, a pesar de la frecuencia con que los tifones azotan estas tierras; este tipo de centros constituyen realmente la única posibilidad de estas gentes de salvar la vida y, aunque pierdan su casa y todas sus propiedades, volver a empezar de cero una vez más. Además, la Hermana nos cuenta que en la vecina isla de Cebú, que también ha salido malparada del encuentro con Yolanda, las Hermanas ya están construyendo uno, en terrenos de la congregación.

A las 4 estamos como clavos a la puerta de nuestro hotel, con equipaje listo y todo, para que nos recoja la gente de la diócesis de Borongan, con quienes hemos aprobado recientemente un proyecto de generación de ingresos para las víctimas del tifón. Pero nos toca esperar, porque se retrasan más de una hora y media en llegar y después el conductor, al que pronto bautizaremos como Steve Schumacher (en honor del famoso piloto de Fórmula 1), intenta compensar el retraso circulando a velocidad de vértigo por una carretera de unos 150 km que está en obras en más de un tercio. Cruzamos por tercera vez en el día el puente de San Juanico porque Borongan está al otro extremo, en la costa este de la isla de Samar, conocida como la puerta de entrada de los tifones. La carretera circunvala toda la costa de la isla, de forma que se puede llegar a Borongan por la mitad norte o por la del sur. Nos cuentan que afortunadamente no hay ninguna carretera que atraviese la isla justo por el centro, porque eso supondría vía libre para las empresas mineras que ya operan en Samar y, sobre todo, para la talas ilegales de la reserva selvática que ocupa el centro de la isla. Nuestro conductor escoge la carretera de la mitad sur, así que suponemos que la mitad norte debe estar incluso peor. La carretera lleva 2 años en obras y la están construyendo los americanos, con fondos de la Millennium Challenge Corporation (la Corporación del Desafío del Milenio, la agencia de ayuda al desarrollo creada por la administración del Presidente Bush hijo, para contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU). Según un artículo del New York Times que sale publicado en las fechas que estamos de viaje, la carencia de infraestructuras (de transporte, energía y comunicaciones) ha superado recientemente a la corrupción como el principal obstáculo para el crecimiento económico del país. Aun así, Filipinas creció un 7,2% en 2013 y este año se espera que el ritmo se ralentice un poco y cierren en un 6%, que lo firmaría toda Europa entera, empezando por España.

DSC00776DSC00775DSC00773Conseguimos que Steve Schumacher haga un par de paradas y fotografiamos a la luz de la puesta de sol algunos de los parajes costeros que hemos visto con Sister Jojo durante la mañana.

A las 9.30 llegamos finalmente a Borongan, congelados por el aire acondicionado del coche, que siguiendo la tradición filipina, ponen a unos 16-18 grados (cuando fuera hay unos 29-30). A mí me produce una rinitis alérgica y una tos terrible que no lograré quitarme de encima hasta la vuelta a casa y me obliga a tomar medicación para el resfriado durante todo el viaje.

Nuestras aventuras en la costa este de Samar, en la próxima entrada del blog.

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El circo humanitario ha llegado a la ciudad

Lectura recomendada: El espejismo humanitario: la especie solidaria al descubierto, de Jordi Raich. Ed. Debate, 2004.

En el aeropuerto de Tacloban hay una enorme pista de cemento que construyó el ejército americano en apenas unas horas (y consiguieron que fraguara en tan escaso tiempo), para que pudieran aterrizar los aviones militares de carga que trajeron los primeros suministros humanitarios para atender a los miles de víctimas que causó el súper tifón Yolanda. La mayoría de las más de 6000 víctimas mortales se produjeron en esta ciudad de 200.000 almas, según el censo de 2010, y fueron causadas por 3 enormes olas (tsunami) que engulleron hospitales, casas, almacenes, escuelas y todo lo que se les puso por delante, porque en las horas de la madrugada en que el ojo del huracán pasó por aquí, había marea alta. Junto a la pista de cemento que construyeron los americanos, hay una fosa común que acoge a cientos de cuerpos, como la hay también en el jardín de la catedral de Palo, entre otros sitios. Cuando el Papa Francisco visite esta isla el próximo mes de enero, para una visita de apenas 7 horas, está previsto que celebre misa sobre esa pista de cemento por el eterno descanso de las víctimas que reposan en la fosa común junto a ella y por tantas otras.

Nos acomodamos en el taxi de nuestro amigo Rowell, que a raíz de ese pequeño trayecto desde el aeropuerto se convertirá en nuestro taxista de cabecera en Tacloban, para este viaje y para otros en el futuro.

El Toyota blanco de Rowell, que ya tiene sus añitos, avanza por una carretera estrecha que a ambos lados ofrece un espectáculo con el que conviviremos a lo largo de las próximas 2 semanas: tiendas de campaña de todas las formas posibles y chabolas reconstruidas con planchas de contrachapado, fragmentos de chapa galvanizada y, sobre todo, lonas, de color blanco y azul. Se puede elaborar un listado completo de todas las ONGs, agencias de la ONU y organismos diversos de ayuda humanitaria, que en el mundo son, simplemente contando los logotipos y anagramas estampados en las famosas lonas: UNHCR (las siglas en inglés del ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados), la IOM (Organización Internacional de Migraciones, otra agencia de la ONU), OCHA (la Oficina de Acción Humanitaria de la ONU), Samaritan’s Purse (literalmente, la bolsa del samaritano, una ONG protestante americana), USAid (la agencia de cooperación del gobierno yankie, que nunca olvida la coletilla “from the American people”), IrishAid (la del Gobierno irlandés), UKAid (la del Gobierno de Su Majestad británica, también con la coletilla “from the British people”), Trocaire (ONG católica irlandesa que es miembro de la red internacional CIDSE, al igual que Manos), el CRS (Catholic Relief Service, la Caritas americana, invitados a marcharse de CIDSE por seguir demasiado fielmente las directrices del Departamento de Estado), Plan Internacional, la Cruz Roja Internacional, la Filipina, la Coreana, la Alemana, la Americana, el Socorro Islámico Francés, la fundación budista taiwanesa Tzu-Chi… la lista de payasos de este circo humanitario es realmente inacabable.

DSC00643Y 8 meses después de la tragedia, vemos los usos que los filipinos han ido dando a las toneladas de lona suministradas (como dice Alberto, hay suficientes como para envolver el archipiélago de más de 7600 islas enterito): no estando previsto que en este clima y humedad durasen más de 6 meses, a día de hoy siguen constituyendo el techo y las paredes de muchas viviendas, los toldos de otras, los DSC00674techos de los puestos del mercado…DSC00800

Hay que tener en cuenta que Filipinas, un archipiélago súper poblado, con más de 100 millones de habitantes, es el país de Asia con más vivienda ilegal, es decir, aquel en el que hay más gente que llega a un terreno y planta en él su chabola, sin importar si el terreno sobre el que vive es del Gobierno o de un particular,DSC00639 DSC00642 o incluso si está en una zona en la que construir es ilegal por razones de seguridad, por ejemplo. De modo que uno encuentra gente que vive en el mismo borde de la carretera, en el perímetro de 10 metros que es obligatorio dejar libre por la servidumbre de la vía, o en la misma playa, en la llamada “no build zone”, la zona de 40 metros desde la orilla que debe estar libre de construcciones en función de un decreto presidencial emitido a raíz de la tragedia de noviembre, que intenta con escaso éxito que DSC00641la población que vive en la costa – pescadores que habitan una chabola desde la que vigilan su barca, en su mayoría –  se traslade a zonas más seguras. Pero no hay planeamiento urbano alguno, ni políticas de vivienda, ni intención por parte de la Agencia Nacional de Vivienda ni de los ayuntamientos de realojar a la gente. La gran mayoría del suelo, tanto urbano como de uso agrícola, es propiedad del Estado y de un escaso número de familias terratenientes – los hacenderos, pronunciado en filipino con la h aspirada – que no tienen la más mínima intención de cederlo o de venderlo a bajo precio. De modo que el sueño de la inmensa mayoría de los filipinos es llegar a ser propietarios del pedacito de tierra sobre el que han construido su casa, aunque éstas curiosamente se venden y compran tal y como si en verdad fueran los propietarios.

Y en nuestro breve trayecto desde el aeropuerto vemos también en lo que se están empleando los fondos de la cooperación, para asistencia a las víctimas del tifón, fondos provenientes en la inmensa mayoría de nuestros bolsillos como donantes y contribuyentes. Como por ejemplo  en los puestos con 3 cubos para separar la basura entre plásticos, papel y residuo orgánico con los que un grupo de agencias (USAid, CRS, Trocaire, Irish Aid, UNICEF) ha sembrado el barrio más próximo al aeropuerto, cuando la recogida de basuras aquí se hace por medio de camiones de los recogedores informales. Son un grupo de críos que se bajan del camión y recogen todos los desperdicios y los apilan todos juntos en la trasera de éste y luego se suben sobre ellos, con un sistema muy similar a cómo los gitanos recogen ilegalmente los cartones o los trastos viejos en nuestras ciudades. Y, por supuesto, no separan residuos.

DSC01413 DSC00607La gente está acostumbrada a tirar todos los desperdicios juntos, dentro o fuera del cubo, donde caigan y además luego, cuando la basura se tira en la cuneta de las carreteras (que es un sitio  muy habitualmente utilizado como vertedero), como bien dice Alberto, la separación de residuos consiste en que parte de la basura cae por delante del quitamiedos y la otra, por detrás y así queda “separada”. Pero ahí están tan pichis los puestos con sus 3 cubos para separar residuos.

Un simple recorrido por la ciudad nos permite comprobar fácilmente que el aluvión de agencias humanitarias ha supuesto también un negocio espectacular para los concesionarios de coches: uno de los edificios más impresionantes y enormes de Tacloban, en la principal arteria comercial de la ciudad, la Avenida Veteranos, es el concesionario de Toyota, que no muestra señal alguna de desperfectos causados por el tifón Yolanda. Encontramos también flamantes concesionarios de Isuzu y Chevrolet y el de Ford, en plena expansión.

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DSC01391Supongo que tras unos meses tan boyantes, está más que justificado expandir el negocio. Se podría trazar también el mapa de todas las agencias humanitarias, ONGs y agencias gubernamentales de desarrollo (como la que sufragamos a costa de nuestros impuestos, la AECID) sólo siguiendo los anagramas y logotipos que figuran bien visibles sobre los coches.

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DSC01397Pronto tenemos ocasión de comprobar que, según reza el refrán, no hay bien que por mal no venga y la irrupción de Yolanda el mes de noviembre pasado, ha supuesto la transformación de un pueblón horroroso de feo y sin hoteles ni restaurantes agradables para el gusto occidental, en una pequeña ciudad de provincias en la que están surgiendo como setas, junto a las oficinas de las agencias de la ONU (la OMS/WHO, la sede conjunta del PNUD/OIT/OCHA) una serie de hoteles, cafés y restaurantes que perfectamente podrían estar en cualquier ciudad europea o de Estados Unidos y que atienden la demanda de los cooperantes internacionales (un 99,9% yankies) instalados en la ciudad tras el tifón.

DSC01394DSC01392Estos son en su inmensa mayoría mujeres jóvenes, yankies, como digo, con los dientes de caballo enormes, todos iguales, propios de quien ha llevado ortodoncia desde el vientre materno; vestidas con los pantalones cortos (shorts) de los que en su país no se apean desde que salen los primeros rayos de sol de la primavera hasta que vuelve el otoño; y con camisetas ajustadas, de tirantes, enseñando trozo y medio de sujetador como poco.Created with Nokia Smart CamCreated with Nokia Smart CamDSC00656DSC00654

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DSC01048Eso, en un país tan católico como Filipinas y en una región, ésta de Bisayas, especialmente católica y ultra conservadora donde nunca se ve una mujer con la falda por encima de la rodilla ni con los hombros al descubierto, por mucho calor que haga. Y donde el atuendo más habitual de trabajo de las mujeres filipinas que acompañan a la yankie de turno y que trabajan también para la ONG o la agencia de la ONU que sea, suele ser pantalones largos vaqueros o de alguna tela oscura y una camiseta tipo polo con el logotipo de la organización para la que trabajan.

Por las mañanas es habitual ver que uno de estos grandes todo-terrenos se para a la puerta de uno de los cafés y la yankie de turno con alguna compañera filipina baja a comprar los cafés (en vaso de papel) y pastelitos del desayuno (muchas veces son cupcakes, esas magdalenas yankies grandes y cubiertas de toneladas de azúcar de colores que se han puesto de moda en España, o pastelitos de cereales y frutos secos) que se llevan para la oficina en una bolsa de papel, en una escena absolutamente impropia de una pequeña ciudad de provincias en Filipinas, pero de lo más habitual entre oficinistas de Nueva York, París, Londres o Madrid. El precio de un café en vaso de papel mediano, tipo Starbucks, está en torno a 1,20-1,30 Euros. O sea, como la tercera parte que en un Starbucks de Europa, pero inalcanzable para la gran mayoría de bisayanos (ya antes de Yolanda, ésta era una de las regiones más pobres de Filipinas). Está claro que a quien apuntan este tipo de establecimientos no es a ellos.

DSC00745DSC00746A la hora de la cena, es habitual encontrarte a los cooperantes yankies en el restaurante de nuestro hotel, con sus pantalones cortos y sus chanclas de playa, que igual se quitan a mitad de cena para hurgarse a conciencia los pies y casi ponerlos encima de la mesa (y no es una exageración de las mías, lo vimos hacer a la hora del desayuno en la mañana del sábado 2 de agosto, nuestro último día en Tacloban).

El hotel  XYZ, sin ir más lejos, en el que hemos reservado habitación, corresponde a esta categoría de nuevos establecimientos. Lleva abierto escasamente un par de meses y cuenta con un primer edificio de 36 habitaciones, distribuidas en 7 alturas, en cuya parte trasera están levantando a toda prisa un segundo edificio (y sufriremos los golpes constantes de las obras, desde las 7 de la mañana, en la parte final del viaje). Aquí no conocemos congregaciones que nos puedan dar alojamiento, así que lo hemos escogido por la facilidad de reservar por internet y sus precios competitivos, por debajo de otros hoteles de la ciudad que encima no son tan nuevos, su ubicación en una calle céntrica y segura (la Padre Zamora Street) y el servicio deWifi gratuito en las habitaciones, fundamental para mantenerse conectados con la oficina y la familia. Nos dan habitaciones en la planta tercera y la mía, la 305, volveré a ocuparla cuando pasemos de nuevo por allí, el sábado siguiente, a la vuelta de Samar. Y al entrar en la habitación, lo primero que hay que hacer es apagar el aire acondicionado que suelen dejar puesto las camareras que hacen las habitaciones. Lo ponen a 15-16 grados (y hasta a 11 grados y a cero nos lo hemos encontrado), a fin de refrigerar la habitación en lo que la limpian (las ventanas normalmente no se abren). Con lo cual, aquello es una nevera en la que cuesta recuperar una temperatura normal, aún cuando pares el aire acondicionado nada más tomar posesión de la habitación. Sin ir más lejos, la noche anterior, en Manila, yo he tenido que dormir con unos pantalones por debajo del camisón de verano, un jersey por encima de éste, calcetines y una manta de viaje de Cachemira, regalo de boda rebotado de mi amiga Pampa, que me llevo siempre a los viajes y me ha salvado ya de más de un apuro en sitios como Ecuador, Etiopía o Vietnam. Esta costumbre filipina tan poco bioclimática de poner el aire acondicionado de coches, restaurantes y hoteles con el ventilador a tope y a 16-18 grados (cuando fuera hay 29 o 30 grados y algunos días, 23 ó 25, con lo que no haría falta poner aire acondicionado alguno), me acaba costando ya desde el primer día una rinitis alérgica constante y me deja las mucosas en carne viva, con unas buenas anginas y una tos agarrada a la garganta y me abona a la bilastina, el paracetamol, el Algidol y la lizipaína para el resto del viaje. Ellos, en lugar de apagar el maldito aire acondicionado (cuyo uso indiscriminado además no relacionan con el cambio climático, causa directa de los tifones cada vez más frecuentes y fuertes que después arrasan sus vidas), me ofrecen como remedio tradicional el maravilloso té de jengibre que también consumen los vietnamitas y que notas cómo te cicatriza la garganta según lo vas bebiendo.

DSC00659Las habitaciones son amplias, con un buen escritorio, televisión de pantalla plana colgado en la pared y 2 camas de 1,05, están decoradas en tonos grises con un chal al pie de las camas de un color diferente (beige, morado), a juego con el sillón que hay ante el escritorio. Podría ser perfectamente cualquier hotel de las cadenas NH o AC en una ciudad europea. Y el baño tiene una ducha amplísima y modernísima y un espejo con luz integrada en el propio cristal, que se enciende tocando el círculo bajo el puntito de luz verde y que yo no había visto nunca antes.DSC00634DSC00630

Hemos llegado a una hora muy mala (las 2 y pico de la tarde), porque los filipinos ya han comido (lo hacen a las 12) y todavía no ha llegado la hora de la cena (las 6 de la tarde), por lo que decidimos salir a dar una vuelta corta (con este calor húmedo que te derrite) por la zona del puerto, donde hay un mercado todo lo caótico y sucio que uno puede esperar en un sitio como éste. Antes de llegar al puerto, a sólo unas cuadras (que dirían los parientes mejicanos de esta gente) de nuestro hotel, nos topamos con uno de los escasos edificios que se están construyendo con una estructura sólida y fuerte, de hormigón, que aguante tifones: un centro comercial de la cadena “Ahorramás” en versión filipina (Savemore). El edificio está pegado a un banco que tiene también aspecto de búnker y que parece haber aguantado bien el paso de Yolanda.DSC00633DSC00632                El recorrido por las calles del puerto permite comprobar cómo las lonas facilitadas por USAid, Samaritan’s Purse y otras agencias humanitarias, han sido aprovechadas para reponer el techo de los puestos de venta, dado que el tejado del edificio del mercado en sí, ha salido volando y éste está inutilizado, por lo que los puestos reconstruidos con tablas y lonas se alinean ahora contra el muro exterior del edificio del mercado, en la calle.

De regreso hacia nuestro hotel llegamos hasta el final de la calle del Padre Zamora y vemos una de las iglesias principales de la ciudad, la del Santo Niño, patrono de Tacloban cuya imagen preside numerosos edificios y negocios de la ciudad, como por ejemplo la oficina de cambio de moneda y transferencias de dinero que tenemos frente al hotel, por aquello de que nunca está de más encomendar a la Providencia divina nuestros asuntos de dinero.

DSC00626La iglesia del Santo Niño ha perdido el tejado, como casi todos los edificios,  por lo que el templo está siendo rehabilitado y las misas se celebran enfrente, en el parque José Rizal (el héroe de la independencia fillipina), bajo una estructura metálica temporal con tejado de chapa galvanizada, abierto por todos lados menos por el frente, que es donde se ubica el altar. En el templo se ha cerrado la entrada a la nave central con planchas de madera y se han habilitado un par de capillas en el vestíbulo de entrada, trasladando un crucifijo y algunas otras imágenes desde el interior del templo, ahora dominio absoluto de los obreros que lo reconstruyen.

El muro que forma la jamba de la puerta principal de la iglesia, sirve ahora de tablón de anuncios de las vacantes y convocatorias de las ONGs y agencias estatales y supranacionales, que buscan todo tipo de personal local, desde gestores de proyecto hasta contables, pasando por expertos en seguridad alimentaria, en saneamiento, en movilización de equipos… Entre los anuncios, encontramos una convocatoria de la AECID, la agencia de cooperación del Gobierno de España, para la construcción de una depuradora de residuos hospitalarios para el Centro Médico Regional de Bisayas Oriental que la AECID ha financiado a través de la ONG española Médicos del Mundo. Parece que no todo el dinero de nuestros impuestos se ha ido en cochazos.

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Es lunes y la iglesia provisional del parque Rizal tiene muchísimas filas de bancos, pero hay misa y y hay bastante gente, son pocos los bancos desocupados.

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En el patio de la iglesia hay una estructura de hojas metálicas que se montan como las escamas de un pez para acabar dando lugar a una estructura de forma alargada , como huevo partido por la mitad DSC00625longitudinalmente que a mí me recuerda indistintamente al OVNI de cristal de la estación de cercanías y metro de Sol y a las granjas de pollos que DSC00627adornan la provincia de Guadalajara, que en algún momento de la historia reciente de nuestro país llegó a ser la provincia con más huevos de España. Es una típica estructura provisional, que lo mismo vale de escuela que de almacén u hospital y en uno de sus extremos exhibe el logotipo de la ONG que la ha donado y que parece que también se está haciendo cargo de la reconstrucción de este templo católico: la fundación budista Tzu Chi, de Taiwán.

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DSC00617Y en el parque de José Rizal, frente a templo que está siendo reconstruido y junto a la parroquia provisional, vemos un enorme panel que explica en qué va a consistir la reconstrucción de la iglesia y que me deja con la sensación de que, para algunos, la llegada de Yolanda ha sido una auténtica bendición porque ha tirado abajo construcciones e infraestructuras de pésima calidad y peor gusto, que ahora se pueden volver a levantar con calidades infinitamente mejores y además se pueden acometer obras (como la recuperación del retablo del siglo XVIII de esta iglesia, que llevaba décadas tapado por la cal) para las que hasta ahora no había fondos disponibles.

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Pues ha llegado Yolanda, como Santa Claus por Navidad y ha traído una millonada de fondos con los que ahora sí se pueden hacer esas obras, especialmente a cuenta del sector privado, porque de la lluvia de miles de millones de dólares que le ha caído al Gobierno filipino y que no se está gastando, en espera de hacerlo en  la campaña electoral a la Presidencia del país, en 2016, ya hablaré en otra entrada de este blog. Tacloban, la ciudad con más víctimas mortales y más viviendas e infraestructuras destruidas, pertenece a la Archidiócesis de Palo (pronúnciese con la última vocal acentuada), cuyo titular espera con alegría la visita de Su Santidad el Papa Francisco el próximo mes de enero y que ha hecho de la reconstrucción de las iglesias la prioridad absoluta, por encima de otras necesidades como vivienda, saneamiento, escuelas… de modo que la catedral de Palo, que tendremos ocasión de ver al día siguiente, está impecable, no ya sin signo alguno de que haya pasado por ella el tifón, sino como si la hubieran terminado de construir la semana pasada.

Visitada la iglesia del Santo Niño, regresamos al hotel para una cena temprana (ese día no hemos comido) y nos vamos directos a la cama , que al día siguiente a las 8 de la mañana nos recoge la Hermana María Josefina Carrasco Silvestre (conocida como Sister Jojo cuando hay confianza), de las Salesianas, para llevarnos a ver sus proyectos en la isla de Samar y de ésta de Leyte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tifoneando por Filipinas

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Viaje a Filipinas de 2 semanas a finales de julio, a las Visayas centrales y orientales. Es decir, tour del llamado “cinturón de los tifones” en el tercer país del mundo más expuesto a desastres naturales tras las islas del Pacífico de Vanuatu y Tonga. Visitamos las islas de Leyte y Samar, arrasadas por la furia de Yolanda cerca de la fecha de mi último cumpleaños (8 de noviembre pasado), a ver si damos con proyectos buenos, bonitos y baratos, en los que emplear con sentido común las generosas aportaciones de los españoles a la cuenta de emergencia que abrió Manos Unidas con motivo de la tragedia. Pronto descubriremos las dimensiones de ésta, cuando al llegar a Filipinas nos encontremos con una nueva manera de contar la Historia: ya no se habla de “antes de Cristo/después de Cristo”, sino de “antes de Yolanda/después de Yolanda”.

Viajo con Alberto, uno de los voluntarios del equipo del Sudeste Asiático, para quien éste es su primer viaje, esperando que no se asuste mucho y no sea el último. Salimos el domingo 20 de julio por la noche, en un vuelo de Emirates Airlines que con sólo un pequeña escala en Dubai de 2 horas, y por un precio muy competitivo, de menos de 1000 Euros, te pone en Manila en un tiempo record de 19 horas. En el tramo Madrid-Dubai viajan algunos españoles además de nosotros, entre ellos una pareja de vascos que me caen justo detrás y con los que bromeo a la hora de colocar el equipaje de mano en los compartimentos superiores que, siendo de Bilbao, ellos pueden dejar el suyo donde les salga de los c… Me dicen, riéndose, que no son de Bilbao, sino de Vitoria, pero a la hora de colocar el equipaje, “como si serían de Bilbao, oye, pues”.
Llegamos en 7 horas escasas de vuelo a Dubai y, tras una conexión de 2 horas justas en un aeropuerto nuevo, de color blanco y mucho más discreto que la horterada con un atrio de palmeras doradas y estética de Jesús Gil que yo recuerdo de mi paso por allí unos años antes; embarcamos en el segundo Boeing 777, rumbo a Manila. Aquí ya no hay otros españoles en el pasaje. Son casi 9 horas de vuelo, de las que me paso durmiendo profundamente unas 7, porque el menú de películas de Emirates, sorprendentemente, es una birria comparado con el resto del servicio de la aerolínea y además, mi Kindle, el libro electrónico, decide inoportunamente dejar de funcionar.

Aterrizamos en Manila sin mayor novedad y observamos que, a pesar de lo que hemos visto en las noticias, no llueve. Si llegamos a volar en la fecha inicialmente prevista, justo una semana antes, habríamos aterrizado a la vez que el tifón Glenda, que con vientos de 220 km/h y lluvias torrenciales, ha sembrado el caos en la capital y en toda la mitad sur de la isla de Luzón y buena parte de las Visayas. Pasamos por inmigración, donde nos atienden sendos oficiales con un apellido español bien visible en la solapa del uniforme (Navarro, Juan) pero que no hablan ni palabra de español, como suele ser lo habitual aquí. Los apellidos indígenas filipinos fueron adaptados obligatoriamente al español por el Decreto de Clavería (llamado así por el gobernador español que lo dictó) en 1810. Tras la independencia del país, conservaron el formato español de los apellidos, aunque lamentablemente perdieron el idioma.

De todos modos, el idioma filipino está tan plagado de palabras españolas, que yo suelo decirles que hablan español, pero no lo saben: los números, los días de la semana y los meses se dicen como en español. DSC01317Y luego hay infinidad de palabras, con la única diferencia de que a veces las escriben algo diferente: apellido, notario, atrás, derecho, botica (escrito con k), parroquia (también con k en vez de q), público (de nuevo con k), compartimento, año, sigue (pronunciado sigui, que significa vale, OK), “comostá” (el saludo habitual), lechón (el plato mayor de cualquier fiesta), escuela (escrito eskwela en el dialecto visayano), turbina, rotonda, basura, chorizo, abierto, sopa, caldo, arroz, brigada, fiesta (la DSC01049del pueblo de cada uno, el día más importante del año), novena (la serie de 9 días de misas), Misa del Gallo, “cariñosa” (un baile típico de aquí, como lo es también la jota)… la lista es interminable…

DSC01066DSC01323DSC01318DSC01387DSC01319La conexión con México por la vía del galeón que viajaba entre Acapulco y Manila, trayendo plata y llevando sedas y especias, ha dejado una marcada influencia en este país, que yo suelo decir que no tiene nada de asiático y es sólo un montón de pedacitos de tierra que se desprendieron del istmo centroamericano y bajaron escurriéndose océano abajo, hasta quedarse parados aquí. El catolicismo casi fundamentalista, la calidez, la hospitalidad, la alegría, el machismo, los tacos (dicen pendejo, chingar,…), las fiestas, los hacenderos (también se llaman así aquí, con la hache aspirada), la corrupción, la violencia, el “ahorita, ahorita” que les hace tomarse la vida tan relajadamente… todo importado de México gracias al galeón. Y según cuenta  el misionero claretiano Ángel Calvo, en las novenas del norte de la isla de Luzón siguen incluyéndose preces aún hoy día “por el feliz arribo del galeón”, tal cual, sin saber cuál es el galeón ése por el que rezan.

Llegamos a la terminal 1 del aeropuerto de Manila, mucho más antigua que la 3 a la que llega Thai, que es la compañía con la que hicimos el viaje del año pasado. Quizás es por eso que nuestras maletas tardan casi una hora en salir y en lo que Alberto se queda esperándolas junto a la cinta, yo voy a cambiar dinero a uno de los bancos de la misma sala de equipajes. Es el que ofrece mejor cambio y lógicamente tiene más cola. Detrás de mí en la fila hay un típico producto que se ve mucho por estos lares asiáticos y que siempre me revuelve el estómago: un americano enorme, viejo, gordo y feo con una chica filipina jovencísima y minúscula a su lado. Éste se refiere a ella como su esposa (aunque vete tú a saber) y le cuenta a otro que van a no sé donde, de vacaciones a visitar a la familia de ella. La “esposa” abulta lo que uno de nuestros críos de 8 o 10 años y no tiene pinta de tener más de 15.
Cambiado el dinero y recogidas finalmente las maletas, salimos al encuentro del taxi que he pedido al hotel que nos envíe, porque yo ya tuve un altercado muy desagradable con un taxista del aeropuerto en el viaje del año pasado y tras 19 horas de vuelo y con un calor viscoso que se te pega a la piel como una baba, no me veo en condiciones de enfrentarme a ningún taxista sinvergüenza en medio del caos de tráfico que reina a la salida de la terminal. Así que agradezco la feliz idea que he tenido cuando nada más salir, vemos a un señor con camisa verde clara al estilo tradicional (tipo guayabera), que porta un cartel con mi nombre y que llama enseguida por el móvil al taxista, que estaba aparcado fuera de la terminal. Embarcados en el coche, no hay nada de tráfico a estas horas y llegamos a nuestro hotel en Makati (el distrito de negocios de Manila) en menos de 15 minutos. Nos alojamos, como siempre, en el centro de convenciones del Asian Institute of Management (AIM), un centro de enseñanza de post grado de gran prestigio, donde han estudiado MBAs la gran mayoría de los profesionales que trabajan en las ONGs e instituciones de desarrollo de Filipinas con las que trabajamos. Se encuentra en la esquina de las calles Trasierra y Benavides, en Legazpi City, uno de los pueblos que, unidos, forman la gran conurbación que es MetroManila. Repartidas las habitaciones, nos retiramos a nuestros aposentos a descansar, no sin antes dar señales de vida a la familia y a la oficina gracias a esas maravillas de la tecnología que son Whatsapp y Skype.

Al día siguiente, desayuno en un café del centro comercial Greenbelt, próximo al hotel, en una mesa fuera, dando al hermoso jardín tropical que alberga el centro comercial en su interior. Y vuelo a mediodía a Tacloban, la ciudad de la isla de Leyte por donde pasó el ojo del huracán Yolanda y que ya nos resulta familiar de tanto verla por la tele. El aeropuerto sigue presentando muchos desperfectos 8 meses despuésDSC00602DSC00606 y las tareas de reconstrucción van despacio, como ocurre en la inmensa mayoría de los edificios públicos que veremos en estas 2 semanas, a pesar de los miles de millones recibidos por el Gobierno filipino de la comunidad internacional.DSC00605

Al llegar nos recibe el grupo de maleteros del aeropuerto, que entona al unísono un cántico de bienvenida con el que también ofrecen sus servicios. Al ver el estado de la única cinta transportadora, comprendemos rápidamente que no se va a mover, sino que las maletas simplemente son depositadas sobre ella por los maleteros y de ahí se recogen. La ciudad de Tacloban se extiende en torno a una bahía en forma de concha, con el aeropuerto en un extremo. Se abre sobre la gran bahía de San Pedro y San Pablo, que en su parte más ancha la separa de la isla de Samar y en su parte más estrecha, deja a las 2 islas casi pegadas, de forma que se unen por un puente metálico de color rojo, magnífica obra de ingeniería que cruzaremos varias veces en este viaje y que salva así el estrecho de San Juanico.

Recogemos nuestras maletas, subimos al taxi y nos adentramos de cabeza en el circo humanitario en el que se ha convertido toda esta isla, especialmente la ciudad de Tacloban.

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Desde el Hotel Hanoi de l’Opera

El lunes 25 nos levantamos a las 7, con sensación de haber dormido muy poco, porque yo me he traído de España una tos alérgica terrible, que se ve agravada por las muchas horas del ambiente seco y gélido producido por el aire acondicionado del avión. Le doy con alegría a la bilastina y al Algidol, pero a las 3 de la mañana tengo un ataque de tos terrible y me tengo que tomar otro lingotazo de medicación. La pobre Blanca, que ha dormido poco en el avión, no pega ojo en toda la noche, entre el cambio de hora (estamos 6 horas por delante de España), mis toses y ronquera y la presión atmosférica, porque cuando nos levantamos, una tormenta increíble descarga sobre Hanoi y llueve torrencialmente. Así que nuestra amiga Hop nos manda un mensaje al móvil vietnamita diciendo que, aunque el hotel Hanoi de l’Opera, donde se celebra el evento, está a 5 minutos caminando de nuestro hotel, como está jarreando, nos manda el coche y el chófer.

Dzung, que es un encanto de chico, está aquí a recogernos puntualmente poco antes de las 8.30, pero le pedimos que nos lleve a una floristería antes de ir al hotel, porque tenemos inteción de comprar un centro de flores para SRD. SAM_1829Aquí se valora mucho regalar flores y ya sabemos que vamos a quedar divinas de la muerte si nos presentamos con un buen centro.Entrega flores SRD Vamos a un sitio cercano, donde un par de mujeres y un hombre se afanan en arreglar y regar los ramos de flores preciosas. Tienen ya algunos centros hechos y preguntamos los precios. Nos dan precios y todos los centros de flores, que en España no bajarían de los 100-150 Euros, aquí no pasan de los 30. De todos modos, cuando 2  minutos después, el chófer cierra el coche y entra en la tienda y pregunta el precio de un centro de flores (que es la cesta que acabaremos comprando y que aparece en las fotos), la señora baja de golpe el precio un 20% respecto al que nos acaba de dar a nosotras, sin pedírselo ni regatear. Es el conocido timo del turista, o ferenji price que decían los etíopes. Nos llevamos las flores, que el señor de la tienda acomoda con todo cuidado en el asiento del delante, junto al chófer, y nos presentamos en el hotel hacia las 8.50, cuando Hop ya había llamado al conductor preguntando dónde demonios nos habíamos metido. Inmortalizamos para el Facebook el momento de entrega de las flores y después las colocan en el estrado y la verdad es que quedan muy bien.

SAM_1831La reunión empieza poco pasadas las 9, que es la hora prevista, porque el tráfico de Hanoi está especialmente horroroso (y ya es decir) y hay unos cuantos participantes atrapados en atascos varios. Una chica americana (SRD recibe estudiantes en prácticas de las mejores universidades americanas y australianas) y un chico vietnamita hacen de maestros de ceremonias, en inglés y en vietnamita. La sesión se abre con el discurso de Hop, la Directora Ejecutiva de SRD. SAM_1824Describe a grandes rasgos los principales hitos en la vida de la organización durante el último año. Hace hincapié en algunos de los retos a los que se enfrenta diariamente una ONG vietnamita como SRD, que trabaja todos los ámbitos del desarrollo rural, en un país que está creciendo como la espuma, con crecientes y graves desigualdades económicas y sociales entre la población urbana y la rural, un ritmo de urbanización vertiginoso y un alto grado de contaminación en el campo, por la acción de las industrias extractivas (mineras, madereras,…).

Las presentaciones se suceden a lo largo del día y así nos enteramos de cosas como que la plantilla ha crecido de 25 a 35 personas, que el presupuesto que manejan anualmente para proyectos ha pasado de los 1,2 millones de USD habituales a 1,7 millones (y no es un nivel  en el que se sientan cómodos y quieren bajarlo a los niveles habituales), o que han realizado un taller de evaluación de las capacidades de la organización el pasado verano, en el que, entre otras cosas, la plantilla ha puesto nota al equipo directivo (les han dado un 8 sobre 10) y se ha preguntado a todo el mundo por su motivación para trabajar para SRD. También nos cuentan que han contratado a una consultora holandesa que junto con una de las personas miembro del Consejo Asesor, va a empezar a elaborar un plan de relevo para los principales mandos de la organización, empezando por la Directora Ejecutiva, que lleva ya más de 1 año diciendo que se quiere retirar y que ahora ha acordado con la organización que lo hará en un plazo de 2 años, para organizar bien el relevo y hacer el traspaso de los trastos de matar en condiciones. O sea, justo la otra punta del amor desmedido a la silla que tenemos en España, en todas las instancias y en todo tipo de instituciones y donde sólo gracias a que existe la de la guadaña, la gente deja el puesto en algún momento.

Entre los proyectos más interesantes en que están embarcados está el FLEGT, que responde a las siglas en inglés de Aplicación de la Ley de Bosques, Gobernanza y Comercio, un proyecto que cuenta con financiación de la UE, FAO y DfID (la agencia de desarrollo del Gobierno de Su Británica Majestad, el equivalente a nuestra AECID). El proyecto tiene su razón de ser en dar voz a la sociedad civil vietnamita antes de la firma del VPA (o Tratado de Asociación Voluntaria), que se va a firmar a finales de este año o principios del próximo y que va a cambiar radicalmente las exportaciones a la UE de madera y productos madereros vietnamitas. Entran en juego nuevas definiciones de lo que se considera madera legal e ilegal y, teniendo en cuenta que Vietnam es el decimoquinto exportador de mobiliario del mundo y tiene un problema de tala ilegal más que considerable, el asunto no es precisamente baladí.

A la reunión asistimos todo tipo de entidades que apoyamos el trabajo de SRD: Caritas Australia (representada por 2 mujeres, Zeynep y Kath, con las que intercambiamos interesante información también sobre el trabajo en Filipinas, país que ellas cubren igualmente), la Embajada de Australia, la UE, la FAO, Winrock (una ONG yankie cuyo representante es un tipo adusto y enorme que me cae sentado al lado y con el que Hop nos ha confesado que le cuesta trabajar, por lo muy arrogante que es y que, de un proyecto de 5 años y 20 y pico millones de USD financiado por USAid, la agencia de cooperación americana, implementado a través de SRD y otras 4 ONGs más, más de 15 millones van para su ONG), los miembros del Consejo Asesor de SRD, la representante de una ONG que trabaja con mujeres con sede en Bangkok, la consultora holandesa,… Nos enteramos, al rendirnos cuentas de toda la información financiera de SRD, que este año pasado hemos superado a Caritas Australia como donante número 1 al trabajo de SRD y hacemos bromas con las compañeras australianas sobre esto. Los australianos son gente agradable en general, la prueba viviente de como los cálidos Mares del Sur son capaces de modelar y pulir la dichosa flema de los descendientes de los inquilinos menos distinguidos de las prisiones de Su Majestad Británica (para quien no lo recuerde, Australia y Tasmania fueron fundadas como colonias penales del Imperio Británico).

Yo no paro de toser y sigo con una afonía impresionante y Ngan, la sudirectora financiera, manda a una de sus chicas a la farmacia y me traen unos 5 tubos de pastillas de lizipaína para la garganta, en previsión de que se repita el episodio de enero de 2010, cuando me acabé quedando completamente sin voz y con una pulmonía que me llevo directamente a urgencias nada más bajarme del avión en Madrid.

SAM_1837El Hotel Hanoi de l’Opera es la última apertura en la capital vietnamita de la cadena francesa Accor y se encuentra ubicado en un edificio de la época colonial francesa, a escasos metros del edificio de la Ópera, por un lado y del lago Hoan Kiem, por otro. Ha sido restaurado con todo detalle, incorporando hasta lo último del lujo asiático, pero aún así, según nos cuentan nuestras amigas de SRD, ofrece unas tarifas para salas de reuniones y eventos de este tipo, mucho mejores que las del Army Hotel en el que nos alojamos nosotras, que es un 3 estrellas muy correcto pero muy normalito, sin nada de los lujos que nos rodean aquí. Y siendo este un sarao vietnamita, las pausas para comer son constantes y la comida, magnífica y nos preguntamos si las redondeadas siluetas del indicador de los baños no serán premonitorias.

SAM_1843Para el almuerzo han dispuesto algunas mesas en el bonito atrio del hotel, pero preferimos sentarnos en el salón de dentro, con algo más de calor.SAM_1839 Compartimos mesa y conversación con Hoa, la subdirectora de SRD que es también la responsable de los proyectos de agricultura sostenible y que nos acompañará y nos cuidará mejor que una madre durante nuestras visitas de los próximos días a los proyectos que tenemos en las provincias de Hoa Binh y Thai Nguyen. La pobre Hoa está indispuesta del estómago y come apenas una sopita de pollo (que aquí hacen sólo con una agua y no tiene ninguna consistencia). Se está curando la dolencia con la medicina tradicional en la que ellos confían siempre y que, como suele se habitual, no le está haciendo nada. De modo que somos nosotras las que hacemos más viajes a las mesas del bufet donde está servida la comida. Nos auto-consolamos de que no vamos a acabar con una silueta como la del cartelito de los baños, diciendo que esta comida, sin lácteos, ni harinas, ni grasas, no engorda nada y la prueba es la talla que gastan los vietnamitas, que devoran, y a los que siempre es mejor comprarles un traje que invitarles a comer. También tenemos de compañera de mesa a una mujer joven que es miembro del Consejo Asesor de SRD y a quien se le ha encargado como consultora la tarea de hacer el plan de relevo y encontrar al sustituto (o sustituta, como se encarga de remarcar bien Zeynep, de Caritas Australia) de Hop. No es una tarea nada fácil, puesto que para empezar, desde su nacimiento en 2005, la organización no ha conocido a otra persona al frente. Habla un inglés excelente y parece muy capacitada para la tarea. Ha empezado por mantener entrevistas individuales con todas las personas de la organización, para conocer primero si se postulan para el puesto. Pero mi impresión, corroborada en una conversación con Hop en días posteriores, es que tendrán que traer a alguien de fuera.

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Terminado el almuerzo, proseguimos la sesión de la tarde, en la que todavía hay prevista una pausa de café adicional, en la que se sirve más comida tipo mini brochetas de pollo satay y de fruta y cosas así, que nosotras no probamos, pero que los vietnamitas atacan con gusto. La jornada acaba poco pasadas las 5 de la tarde. Nos entregan en un pendrive con el anagrama de SRD y que viene hasta en una cajita, como una joya, todas las presentaciones y vídeos que nos han puesto durante el día, lo cual nos ahorra transportar un montón de dossieres de papel y documentación de vuelta a Madrid. Me piden que diga unas palabras de cierre y agradezco sinceramente la oportunidad de haber podido asistir a este encuentro un año más, porque es una oportunidad excelente de aprender de una organización como SRD, que tiene tanto que enseñar a todas las organizaciones en las que he trabajado, desde Manos Unidas a cualquiera de los 7 bancos de inversión en los que me he dejado las pestañas currando a lo largo de mi vida profesional, empezando por el más que sobrevalorado Goldman Sachs.

Terminada la reunión, aprovechando que ya ha dejado de llover (y en algún momento hasta ha intentado salir el sol, que los muy desesperados vietnamitas nos han contado que no ven desde hace unas 8 semanas), pasamos por el hotel rápidamente a dejar las cosas de la reunión y a coger dinero y nos vamos de compras con Hop. Atacamos las tiendas del flanco derecho del lago Hoan Kiem y adquirimos gafas de sol Ray-ban y zapatillas de deporte de marcas como Nike o New Balance, a precios ridículos regateados en vietnamita por Hop, de forma que unas zapatillas que en España no bajan de 50 y pico Euros, allí las sacas por 15 ó 17. Y encima insiste en regalarnos algunas de las gafas y zapatillas y no hay manera de pagárselas, de modo que en cuanto tenemos ocasión, la ponemos en un taxi rumbo a casa (se le nota que está agotada tras las semanas intensas de preparación de la reunión) y nos peinamos por nuestra cuenta algunas tiendas más, para al menos poder pagar las compras. Volvemos al hotel reventadas pero satisfechas y nos saltamos la cena (con todo lo que hemos comido, no tenemos nada de hambre) e intentamos, sin conseguirlo del todo, meternos en la cama a una hora más temprana que la de la noche anterior, porque al día siguiente nos recogen a las 7.30 para salir rumbo a la provincia de Hoa Binh.

 

 

 

 

 

 

 

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De Madrid a Hanoi, en un suspiro catarí

Salimos de Madrid el sábado 22 de marzo a las 3 de la tarde, en vuelo de Qatar Airways, vía Doha. El vuelo tiene un primer tramo de poco más de 6 horas hasta Doha y después de cambiar de avión, hay un segundo tramo largo, de algo más de 9 horas, hasta Hanoi, con una escala técnica en Bangkok de una hora escasa. Es la primera vez que hacemos este viaje con Qatar Airways, que ofrece mucho mejores precios y sobre todo, mayor franquicia de equipaje (36 kilos frente a sólo 20 de la Thai) que Thai Airways, que es la que ha sido nuestra línea aérea hasta ahora; lo cual es esencial para el viaje de vuelta, cuando se ha puesto una morada de comprar maravillas a precio de saldo por esos lares vietnamitas y trae la maleta que estalla. En este primer tramo a Doha sí hay bastantes españoles, entre otros un equipo de expedicionarios de esos que hacen programas del tipo Al filo de lo Imposible, equipados con camisetas y chaquetas con el logo del banco que les patrocina y que, por lo que dicen de que después de Doha tienen un vuelo de 4 horas, creemos que deben ir para el Himalaya indio. También se ven unos cuantos hombres de negocios, de esos tiburones del ladrillo a los que se les ha acabado el chollo patrio y ahora van en busca de una nueva tierra de promisión. No hay parejitas de luna de miel ni turistas depredadores de niños, como suele ser habitual en los vuelos de Thai. La crisis, quizá.

La comida está bien, aunque tampoco es de tirar cohetes, pero al menos no se olvidan de mi menú vegetariano. A Blanca, que se le olvidó pedir menú vegetariano cuando hicimos la reserva, le ponen comida muy especiada y acaba por no probar prácticamente bocado durante el vuelo. Veo 2 películas buenas, que recomiendo: Philomena, una historia de niños robados a cargo de unas poco recomendables monjitas en la Irlanda ultracatólica de los años 50, protagonizada por esa maravilla de señora que es Judi Dench, a la que me encanta escuchar en inglés; y Dallas Buyers Club, una historia dura de los 80, de cuando los antriretrovirales para tratar el SIDA no estaban legalizados en los Estados Unidos y había que conseguirlos en el mercado negro, protagonizada por un Matthew McConaughey en los puros huesos, que ha debido perder unos 30 kilos para encarnar a un enfermo de SIDA y un Jared Leto haciendo de travesti y drogadicto, a los que muy merecidamente han premiado con sendos Oscars el mes pasado. La compañía intercala entre película y película ese anuncio protagonizado por los jugadores del Barcelona, equipo al que patrocinan, en el que por supuesto no aparecen ni el fraude fiscal del papá de Neymar ni los cientos de miles de esclavos sin derechos laborales, procedentes de sitios como Nepal, Afganistán, Pakistán, Laos o Myanmar, con los que el emirato catarí está levantando los flamantes estadios y pabellones en los que se desarrollará el Mundial de fútbol de 2022 que se han comprado a puro golpe de talonario con los petrodólares en los que nadan (a ver si no de qué van poner a jugar al fútbol a más de 50 grados y con riesgo de paro cardíaco fulminante, a tipos que han costado decenas de millones de Euros a sus clubes). La frasecita del final: “Qatar Airways y el FC Barcelona, un equipo que une al mundo” me da ganas de hacer uso de las bolsas de papel previstas en la cestilla de delante de mi asiento. Podéis ver el vídeo aquí:

Llegamos a Doha con unos 25 minutos de retraso y debemos darnos prisa para hacer la conexión y rezar a Alá, que es grande y misericordioso, durante todo el transbordo, rogándole que nuestras maletas también se den prisa y cambien de avión con nosotras. La terminal de Doha es de lo más corriente y moliente, nada que ver con los oropeles y palmeras doradas y tiendas de perlas y oro de todos los kilates posibles de sus vecinos de Dubai, en el Emirato de aquí tabique por medio. Tenemos el embarque más de una hora antes de la salida del vuelo y cuando franqueamos la puerta 35 y nos montan en los autobuses para ir al avión, entendemos porqué: nos pasamos 25 minutos largos cambiando de terminal por una autovía que corre paralela a las pistas. Nos acabamos preguntando si en lugar de cambiar de terminal, no estaremos cambiando de aeropuerto y hasta de ciudad y yo me maravillo de que esta gente piense organizar un mundial de fútbol y mover a los millones de pasajeros que eso conlleva, con estas infraestructuras y estos traslados aeroportuarios de 25 minutos en autobús. Supongo que de aquí a 2022, que es la cita futbolera, tendrán tiempo de mejorar las cosas.

En el trayecto de autobús presenciamos el patético espectáculo de un jubilado canadiense francófono que viaja a Hanoi con su esposa y unos amigos y que se ha debido pasar bastante de vodkas en el vuelo que le ha traído hasta aquí, porque intenta comunicarse en inglés con otro pasajero al que acaba de conocer en el autobús y no da pie con bola. Llegamos a la conclusión de que la mujer también debe ir pasadita de copas, porque le ríe las gracias y si fuera sobria, le habría echado al marido una bronca del 3 allí mismo. Que ya nos conocemos todas…

El avión que nos lleva a Hanoi es otro Boeing 777 como el que nos ha traído hasta aquí y como el avión malayo desaparecido, que a fecha de hoy siguen buscando a lo largo y ancho de los Mares del Sur. Blanca y yo tenemos de nuevo asientos a ambos lados del pasillo y a ella le cae a su izquierda una parejita argentina (toma crisis) con la que pronto entabla conversación sobre las maravillas turísticas que ofrece Vietnam. A mí me cae a mi derecha y en las filas de delante y detrás, un grupo de jubilados polacos que van en viaje organizado y no hablan ni papa de inglés, pero que se dan la vuelta en el asiento y no paran de hablar y hacer tertulia con los de la fila de delante y de atrás. Son pesadísimos. El guía, que ha caído en otra parte del avión, viene a verles cada poco y así tienen alguien más a quien incluir en la tertulia. No dejo de pensar que tienen una pinta que tumba de ir de viaje de peregrinación, pero me pregunto qué santuario católico puede haber por estas tierras budistas y oficialmente ateas.

El avión para en Bangkok, donde suben unos pocos pasajeros nuevos y se baja la mayor parte del pasaje que viene de Doha (los que vamos a Hanoi no nos movemos, salvo para confirmarle a la azafata que esos bultos que han quedado en los armarios superiores son todos nuestros), cambiamos de tripulación (casi 20 azafatas impecablemente peinadas y maquilladas, no como las de Iberia, que van todas desmoñadas y sin pintar y les importa un pepino) y sube a bordo un auténtico ejército de eficientísimas limpiadoras, con chalecos verdes reflectantes, que en 20 minutos escasos pasan la aspiradora por debajo de nuestros pies y repasan cada asiento, reponiendo el pañito del reposacabezas, la manta, la almohada y colocando el cinturón de seguridad encima del asiento, no colgando por los lados. Comentamos que mantener una cosa así sólo es posible en países como Tailandia, con sueldos de miseria, aunque al paso que va la caída de los salarios en España, pronto será posible ofrecer estos servicios en Madrid Barajas (o Adolfo Suárez-padre-de-la-patria International Airport o como sea que lo vayan a rebautizar).

Llegadas a Hanoi, pasamos el control de pasaportes y las maletas tardan lo suyo en salir, aunque afortunadamente nada en comparación a la hora y media larga que tardaron en el viaje que hice aquí en enero del año pasado. En cualquier caso, nos sentimos muy aliviadas de comprobar que Alá ha escuchado nuestras preces y no se han quedado en Doha. Hanoi nos recibe con 16 grados muy escasos y una buena manta de agua. Cambiamos dinero y nos convertimos repentinamente en millonarias (casi 29.000 Dong por cada Euro), compramos la tarjeta del móvil (sólo 5 Euros, que dan para hablar todo lo que quieras) y nos dirigimos en un taxi al hotel habitual (el Army Hotel, una residencia militar en el céntrico distrito de Hoan Kiem, muy cerca de la Ópera). Comprobamos cuánto ha avanzado desde el año pasado la obra de la nueva terminal aeroportuaria que están contruyendo los japoneses, para conmemorar sus 50 años de amistad con el pueblo de Vietnam (o sea, en roman paladino, para redimir las muchas atrocidades que cometieron por estos lares durante la Segunda Guerra Mundial) y que los de Panasonic han abierto otra fábrica más, pegada al aeropuerto. Cruzamos los inmensos puentes sobre el estuario del Río Rojo (tan gris plomizo y contaminado como siempre) y aprovechamos el trayecto en coche para llamar a casa diciendo que hemos llegado (son las 9.30 de la mañana del domingo en España) y avisamos también a nuestra amiga Hop, la directora de la ONG Centre for Sustainable Rural Development (SRD), nuestro principal socio local en Vietnam. Hop está en la oficina, junto con Ngan, la directora financiera y subdirectora, porque están ultimando la reunión de donantes que celebran el lunes en un hotelazo de Hanoi y a la que, por supuesto, estamos invitadas.

Llegamos al hotel, tomamos posesión de la habitación y descansamos un poquito, pero rápidamente se hacen las 6.30, que es la hora a la que vienen a buscarnos Hop y Ngan, para ir a cenar. Nos llevan a un restaurante nuevo, que queda cerca del hotel, con una escalera muy aparatosa llena de lucecitas y toda la decoración en blanco. SAM_1821La cena es de tipo bufet y cuesta sólo 16 dólares por persona. Yo siempre digo que poner un restaurante tipo bufet en este país es una verdadera ruina, porque los vietnamitas devoran como auténticas termitas y no se  entiende cómo pueden cobrar sólo 16 dólares por persona, porque pierden dinero, fijo . Hop y Ngan nos apremian a que comamos y piden hasta que nos traigan una langosta. Hacemos lo que podemos, pero casi a lo que más le pegamos es al sushi, que lo hay buenísimo en el bufet. SAM_1814

Nos ponemos al día y nos cuentan lo que hay previsto para el día siguiente, que es la reunión de donantes, y nos informan de que debemos estar allí a las 8.30, para empezar la reunión a las 9.SAM_1815

Terminada la cena, como no contábamos con que viniera también Ngan, le damos discretamente a Hop en el coche los regalos que le hemos traído (un bolso de un verde muy primaveral y unos pendientes, de la joyería donde trabaja Blanca) y nos dejan en el hotel y nos vamos a la cama, no inmediatamente como deberíamos (nos liamos a hablar entre nosotras y con la familia por whastapp y skype), sino un poco demasiado tarde, lo cual será ya la tónica habitual durante todo el viaje (dormir poco y menos).

 

 

 

 

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Nuevo periplo por Indochina

Viajamos a Vietnam esta vez, a partir de mañana sábado 22 de marzo. Y por plazo corto: poco más de una semana. Espero poder mantener una mayor continuidad en el envío de crónicas viajeras a través de este blog que en el último viaje a Camboya y Tailandia,VIE 65504 016 tan cargado de emociones y acontecimientos que me fue imposible pasar de los primeros días. Viajamos para visitar proyectos al norte del país, a Hanoi, y a 3 provincias del altiplano, situadas en un radio de unos 300 km en torno a la capital: Hoa Binh, Thai Nguyen y Phu Tho.

He recuperado una antigua compañera de viaje por esas tierras (estuvimos juntas allí en 2011): Blanca, más conocida por Blanche o Blanchi; voluntaria del equipo del Sudeste Asiático con dedicación parcial cuando se lo permiten sus tareas a tiempo completo como sufrida madre trabajadora. A ella le cuesta gastar 5 días de sus vacaciones hacer este viaje, lo cual me deja a la altura del betún, porque a mí no sólo no me cuesta días de mis vacaciones, sino que encima me darán días libres, en compensación por el viaje.

Así que para redimir (en parte) mis culpas, me he encargado yo de tramitar los visados y ha sido todo todavía un poco más difícil, si cabe, que las veces anteriores: he tenido que pasarme la mañana del Día de San José (o Día del Padre) acordándome del suyo (del padre) de las funcionarias de la Embajada de Vietnam en Madrid, un chalet nuevecito de la Avenida de Alfonso XIII, de inconfundible arquitectura vietnamita, gris pálido y blanco, con aspecto de búnker disfrazado de chalet de lujo. Cada día ponen más trabas: ya no vale con enviar todo tipo de información al PACCOM (la sección del Ministerio de Exteriores encargada de controlar la actividad en el país de las ONGs internacionales) y especificar qué día y a qué hora vamos a ir a visitar cada proyecto, y en compañía de quien y dónde nos vamos a alojar durante nuestra estancia en el país y con quien nos vamos a reunir y de qué vamos a discutir… esta vez, después de que el Ministerio de Inmigración ya había enviado una comunicación autorizando nuestros visados, me ha tocado también enseñarles a las funcionarias, en la pantalla de mi móvil, los emails cruzados con la sección europea del PACCOM dando luz verde a nuestra visita y enviárselos allí mismo por email a su correo electrónico personal. Superado el trámite, esta mañana he recogido finalmente los pasaportes con los visados. Salimos mañana mismo, así que han apurado el plazo al máximo. La próxima vez yo creo que nos van a decir que nos pasemos por allí a recogerlos camino del aeropuerto, porque ya es lo que queda.

Volamos con Qatar Airways, vía Doha y no llegaremos a Hanoi hasta el domingo a las 3 de la tarde hora local, así que me despido hasta la próxima conexión.

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A La Paloma, en la silla Mekong

El miércoles 2 de octubre, puntualmente a las 8 de la mañana, aparece en nuestro hotel Gabriel Lamug-Ñañawa, Gabby para los amigos, el jesuíta filipino que está al frente del proyecto de reforestación, silvicultura y recuperación de especies madereras autóctonas, que tenemos con el Servicio Jesuíta de Camboya. Gabby es un tipo encantador, que nos ha echado una mano en un aspecto fundamental en la logística del viaje: encontrar un conductor que sea de fiar, que nos haga un buen precio y que tenga un vehículo en el que podamos viajar 6 personas con equipaje. La furgoneta llega puntualmente a la puerta del hotel y en lo que nosotros pagamos las habitaciones y salimos pertrechados con todo el equipaje, Gabby se ha ido de una carrerita a comprar un delicioso pastel de cumpleaños a la pastelería-cafetería Tous les Jours: http://touslesjours.com.kh/ que se define en su página web como la pastelería de estilo europeo más popular de Corea. Creada hace menos de 8 años, esta firma coreana se ha extendido como un reguero de pólvora en poco tiempo por China, Indonesia, Vietnam, Estados Unidos, Malasia, Filipinas y ahora, Camboya, y cuenta ya con más de 1800 establecimientos. En Phnom Penh han abierto 2 tiendas, una de ellas (su establecimiento insignia o flagship store que dirían los cursis) está en el número 298 del Bulevar Monivong, que tenemos a sólo un par de manzanas del hotel. La tarta de cumpleaños que ha ido a comprar Gabby es para Chanda, una chica de familia camboyana de origen chino que lleva la contabilidad y administración del proyecto y para Khom, uno de los chavales con discapacidad que trabajan en los viveros que estamos apoyando en el proyecto.

IMG_3008Es así como entramos en contacto con el que será nuestro conductor durante todos los tramos de carretera de este viaje: Sothy (se pronuncia Sotí), un encantador señor camboyano que no habla ni una palabra de otro idioma que no sea el suyo (y nosotros tampoco hablamos jemer) y con el que casi milagrosamente, a través de los voluntarios de SAUCE (la ONG de Kike Figaredo) y hasta los camareros de un restaurante, conseguimos entedernos a las mil maravillas.

Hechas las presentaciones, subimos a la furgoneta y nos ponemos en marcha hacia Ang Snoul, en la provincia de Kandal, hacia el oeste de Phnom Penh. Tomamos la carretera que ya habíamos recorrido el día anterior en sentido inverso (la del aeropuerto) y Gabby nos cuenta que a él le pilló el éxodo de salida de la ciudad por Pchum Benh y tardó 2 horas en recorrer sólo 3 km. Así que empezamos a rezar todo lo que sabemos, para que no se reproduzca el atascazo del día anterior. La carretera nos depara multitud de oportunidades de fotografías impensables por nuestros lares: las furgonetas atestadas de gente, enseres y animales (en las que uno paga por viajar en medio asiento, colgando por la puerta trasera) que conviven con los todoterrenos Lexus más flamantes o los tucs-tucs (motos que tiran de un carrillo en el que viajan los pasajeros) que esquivan a las motos en las que viajan familias de 5 miembros, con la gallina, el cerdito y el conductor hablando por el móvil y la señora con la toalla por la cabeza. DSC00080

A las afueras de la ciudad, en un mercado al borde mismo de la carretera, recogemos sobre la marcha a Chanda, la encargada de administración y finanzas del proyecto. Es una chica tímida y callada y parece muy eficiente. A pesar de que es festivo, va a la oficina a dejar las cuentas hechas y cerradas, porque a la vuelta de Pchum Benh va a comenzar a estudiar un master y tendrá que DSCF3764vivir de lunes a viernes en Phnom Penh y sólo podrá dedicar al proyecto los fines de semana. Cuando vamos saliendo de la ciudad, Gabby detecta en el atasco una furgoneta que lleva un dibujo de una paloma (el símbolo de Banteay Prieb) pintado en la puerta. Tira de teléfono móvil y rápidamente se comunica con el conductor, que no es otro que el Father Gregory Priyadi (Father Greg), director del centro y que nos acompañará dentro de un rato, en nuestra DSCF3766visita al proyecto.IMG_2400

Llevamos el aire acondicionado puesto a todo lo que da, pero aún así, la pobre Reyes, que va sentada a mi lado, va abanicándose y encontrándose cada vez peor. En el desayuno ya se sintió mal, pero se forzó a comer algo y, sobre todo, a tomar café, a ver si le subía la tensión. Pero cuando faltan sólo 10 minutos para llegar, no aguanta más y tenemos que parar en la cuneta para abrir las puertas de la furgoneta, a ver si puede salir a vomitar. No nos da apenas tiempo a parar cuando pierde el conocimiento y rápidamente la movemos para que tumbe la cabeza y el tronco y tenga las piernas en alto. En cuanto se recupera un poquito, vomita el desayuno enterito en una bolsa muy pequeña de plástico, que es lo único que hemos sido capaces de encontrar a la carrera y que Gabby sostiene pacientemente a la altura de su cabeza. Le hacemos rápidamente una botella de suero oral con una botella de agua mineral y uno de los sobres que hemos traído de España, para que vaya bebiéndolo a sorbitos. Yo doy un salto y me cambio al asiento de la última fila, con Gonzalo y Myriam, y cuando Reyes ya se ha quedado a gusto echándolo todo (y la pobre se ha puesto perdidos de vómito el pelo y la camisa), la furgoneta echa de nuevo a andar y vemos que efectivamente ya no nos quedaba nada, porque enseguida llegamos al bello paraje de Banteay Prieb, donde se ubica el proyecto.

DSC00088Es una finca muy hermosa, propiedad del ejército, en la que se ubican varios pabellones que albergan los talleres y aulas y unas bonitas casas de madera (construidas en su día con el apoyo de Manos Unidas), algunas de 2 plantas, con escalera y otras con entrada a pie de calle; en las que viven los alumnos y profesores de este centro de formación profesional e integración laboral de discapacitados. DSC00142DSC00106

El nombre, Banteay Prieb, se traduce como “la paloma”, porque en sus orígenes fue un sitio de entrenamiento de palomas mensajeras para el ejército. Finalizada la contienda a principios de los 90, los militares encomendaron a los jesuitas la gestión de lo que había sido hasta entonces una prisión, una fábrica y uno de los lugares de exterminio de los jemeres rojos, y su transformación en un centro de formación profesional de veteranos y mutilados de guerra, para reintegrarlos a la vida civil. Un grupo de jesuitas jóvenes y entusiastas, entre los que juega un papel destacado un treintañero Kike Figaredo (en la foto, es el de la izquierda al que sólo le falta el tricornio), que acaba de acompañar a los refugiados camboyanos en su retorno desde los campos de refugiados de la frontera tailandesa; arranca las actividades de Banteay Prieb en 1991.

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Hoy, 22 años después, los alumnos ya no son veteranos de guerra, sino personas discapacitadas, de todo tipo. Muchos, víctimas de ese terrible legado de las guerras, que perdura mucho tiempo después del fin oficial de la contienda: las minas anti-persona. Otros, enfermos de polio y personas con malformaciones congénitas.

DSC00139Este es el centro en el que, por iniciativa de Kike, hace más de 10 años se diseñan y empiezan a fabricar las famosas sillas de ruedas Mekong (de 3 ruedas, adaptadas al terreno desigual de la Camboya rural) que han cambiado radicalmente la vida de muchas víctimas de minas anti-personas. Se fabrican más de 1000 sillas al año, adaptadas a las necesidades de cada persona discapacitada. Las sillas de ruedas Mekong tienen un papel destacado en el vídeo del Domund de este año. Os pongo los enlaces, para quien todavía no lo haya visto. Para ver el tráiler:

http://youtu.be/AjHXs2M8gNQ

Para ver el vídeo completo: http://youtu.be/_l17oiDC9Gs

Aparcamos la furgoneta en los bajos de la casa de los jesuitas y Reyes desciende muy lentamente, con mucho cuidado de no volver a desmayarse al intentar incorporarse. La dejamos tendida sobre una de las típicas camas camboyanas (un somier de cañas de bambú encajado en una estructura de madera de teka), que sirven a la vez de mesa de comedor y sofá del cuarto de estar, con el ventilador bien cerca y la botella de suero oral disponible para ir bebiendo. Está agotada y sólo quiere dormir. Es raro que no nos haya pasado a alguno más, con la paliza que llevamos encima desde el día anterior: el larguísimo vuelo, salir a visitar el proyecto de CSARO con tanto calor y sin descansar ni comer nada y lo poco que hemos dormido en las últimas 48 horas. Dejamos a cargo de la enferma a Sothy, nuestro conductor, que a pesar de no tener ninguna posibilidad de comunicarse con Reyes, la cuidará como el más capacitado de los enfermeros y se ocupará de que no le falte la botella de suero en ningún momento y de que descanse y se recupere. Y nosotros nos vamos con Gabby a conocer el centro y específicamente, el proyecto de reforestación y silvicultura que estamos apoyando.

DSC00085Vemos los distintos pabellones que albergan talleres, aulas. Los edificios se han ido construyendo a lo largo de los más de 20 años que este centro lleva funcionando, por lo que son de lo más diverso: los hay de ladrillo, de madera, de paja trenzada,… Está todo vacío porque alumnos y profesores se han marchado a casa, para celebrar en familia el Pchum Benh. Nos cuentan que una prueba de la integración de los chicos discapacitados que viven aquí, es el ser capaces de regresar a sus casas en vacaciones, por sí mismos, en transporte público, sin que sus familias tengan que venir a recogerlos. Todo un reto para alguien que, en muchos casos, hasta que vino aquí no había salido de su casa, donde su familia lo mantenía oculto a la vista del resto de la comunidad.

IMG_2372En una plazuela que queda entre diversos edificios, vemos una pequeña estupa budista y una inscripción a modo de lápida a sus pies. Nos cuenta Gabby que la estupa contiene la sangre del hermano Richie, un jesuíta filipino asesinado en 1996 por un alumno al que reprendió por sus malas notas y su afición al juego y al que, en respuesta, no se le ocurrió otra cosa mejor que tirar de la anilla de una granada de mano, en el pasillo de un edificio de aulas. El hermano Richie, que contaba a la sazón con sólo 26 años, intentó reducirle y lo pagó con su vida. La DSC00100granada explotó y a día DSC00101de hoy se puede ver una réplica de la baldosa con el agujero correspondiente en el suelo, mientras que la auténtica baldosa se encuentra apoyada contra la pared, entre ésta y una maceta. Según reza la leyenda popular, los chicos recogieron la sangre del hermano Richie y finalmente se depositó a los pies de la estupa.DSC00093

En lo que descarga una magnífica tormenta, recorremos el centro en compañía de Gabby, Father Greg y un voluntario coreano al que han bautizado como Uncle Joe (Tío Pepe, en traducción libre). La misión jesuita de Camboya depende de la Provincia jesuita de Corea del Sur, de ahí las continuas referencias a ese país. La Iglesia Católica coreana parece atravesar un momento dorado y uno encuentra numerosas huellas de su acción social y pastoral cuando viaja por estas tierras. De hecho, Gabby nos cuenta que esa misma tarde, cuando acabe nuestra visita, se marcha rápidamente al aeropuerto de Ponchentong a tomar un vuelo a Corea, donde se va a pasar los días de vacaciones de Pchum Benh, en primera línea de manifestación contra la instalación de una base militar norteamericana en una isla coreana. Y yo no puedo evitar pensar en lo poquito que han cambiado las cosas en los últimos cuatrocientos y pico años y en cuanto se parecen estos jesuitas a aquellos que celebraban misas cantadas en guaraní en las reducciones de las selvas de Argentina y Paraguay y que se oponían, jugándose el cuello, a los encomenderos españoles y traficantes portugueses, acostumbrados a cazar a los indios como animales para venderlos como esclavos; o a aquellos jesuitas que negaban la absolución en la confesión a los hacenderos poseedores de esclavos negros en la América colonial.

IMG_2391El proyecto de recuperación de especies madereras autóctonas y silvicultura que estamos apoyando desde hace unos meses, ha venido en primer lugar a completar las otras enseñanzas que se imparten en el centro: soldadura, carpintería, escultura, agricultura, costura, electrónica, mecánica, alfabetización,… Pero como nos cuentan Gabby y su equipo, contempla 4 objetivos IMG_2368principales: aprender a desarrollar plantones a partir de las semillas, devolver al bosque lo que toman de él para fabricar las sillas de ruedas, las esculturas y muebles que hacen; recuperar especies autóctonas gravemente amenazadas por las terribles talas ilegales que están deforestando Camboya a toda velocidad y, por último, compensar las emisiones de CO2 de los muchos vuelos que realizan los jesuitas de la misión de Camboya (y con Kike Figaredo entre sus filas, deben ser unas cuantas).

P1040544Llevan plantados más de 1600 arbolitos y a cada uno de ellos le atan una etiqueta de papel biodegradable en la que viene, por un lado, el nombre de la especie y, por el otro, la imagen y el nombre de Chut Wutty, un activista que plantó cara a las madereras y fue asesinado a balazos el año pasado. Y naturalmente, cuando hacen plantadas con colegios o en campamentos de verano, los críos preguntan que quien es ese señor que va en la etiqueta que cuelga del arbolito. Y se lo cuentan, claro. Lo cual, en un país que de monarquía constitucional tiene sólo el nombre y es en realidad una cleptocracia de partido único, en la que la pareja presidencial (General Hun Sen y señora) está depredando los recursos del país (incluyendo los bosques) en beneficio propio; tiene un alcance tremendo. ¡Parece hasta mentira la de mensajes que puede contener un simple arbolito! Nos cuentan también que el proyecto está teniendo un efecto no previsto: en muchos actos inter-religiosos, el plantar árboles juega un papel fundamental. Y es que, en palabras de Uncle Joe: “cuando plantamos árboles, plantamos paz”.

Nos dirigimos hacia la casa de los jesuitas y recuperamos a Reyes, que ya se está incorporando de la cama en la que ha estado descansando desde que llegamos, bajo la atenta mirada de Sothy. Myriam prueba la cama y da fe de su comodidad. IMG_2401Nos encaminamos a la zona de los viveros, donde además de verlos, vamos a almorzar, dejando a un lado un pequeño lago cubierto de flores de loto, en cuyo centro hay un pabellón de tejado de ladrillo, unido a la orilla por un pequeño puente de barandillas blancas. Todo de lo más idílico, ciertamente.DSC00138

Visitamos el vivero, magníficamente pulcro y ordenado, donde además están las piscinas en las que están empezando a almacenar residuos orgánicos para fabricar su propio compost y le regaño un poquito a Gabby porque ya no van a seguir comprándolo de la fábrica de CSARO.

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Una de las plantas llama nuestra atención: es la “Dalbergia conchinchinensis”, el palo-rosa, un árbol de madera preciosa que se ha puesto de moda para hacerse el mobiliario de la habitación matrimonial entre los nuevos ricos chinos, ávidos consumidores de todo lo que huela remotamente a lujo asiático. Se cotiza a la friolera de 50.000 $/metro cúbico DSC00127y le está costando la vida a muchas familias camboyanas pobres, que se adentran en los bosques tailandeses limítrofes con la provincia camboyana de Preah Vihear, arriesgando gravemente sus vidas y exponiéndose a ser arrestados en el mejor de los casos y tiroteados por los soldados en el caso más habitual.

Entre plantones y hierbas aromáticas nos llega enseguida la hora del almuerzo: 2 de los alumnos del centro, que trabajan en el vivero, han cocinado hoy para nosotros. Nos reciben en compañía del único profesor que hoy, día festivo, ha venido para mostrarnos su trabajo. Es también discapacitado y él mismo fue anteriormente alumno de Banteay Prieb. Gabby me cuenta que los chicos están nerviosillos, porque habitualmente hacen la comida para ellos y los compañeros del vivero, pero nunca han cocinado para tanta gente. La comida resulta realmente deliciosa y disfrutamos de ella sintiéndonos totalmente entre amigos.

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A los postres, Gabby hace los honores para que Chanda y Khom soplen las velas de su cumpleaños. Y nosotros les cantamos “Cumpleaños feliz” en jemer, inglés y español. Chanda reparte pastel a todo el mundo y la verdad es que está riquísimo.DSC00120IMG_2408

Terminada la comida-celebración, nos hacemos la preceptiva foto de grupo en la zona del vivero de sombra.

IMG_2424Y acto seguido nos pasamos por la tienda, donde se pueden adquirir numerosos productos de artesanía que elaboran los alumnos en los talleres del centro. Los productos se venden aquí y en la tienda de la Prefectura de Battambang que tenemos previsto visitar al día siguiente. Y fieles a la fama de compradores compulsivos de los turistas españoles, salimos bien cargados de bolsas. Gabby tiene el detallazo de regalarnos unas camisetas, pintadas por ellos, que llevan el dibujo de uno de los árboles autóctonos que cultivan en el vivero.

Nos despedimos efusivamente de Gabby, que nos ha hecho pasar un día maravilloso, y como entre una cosa y otra se nos ha hecho tardísimo, llamo por el móvil a Yago, el voluntario de SAUCE que ha organizado nuestra visita a los proyectos de la Prefectura de Battambang, para avisarle de que estamos saliendo de Banteay Prieb mucho más tarde de lo previsto, con lo que vamos a llegar tarde a Battambang. Lo que no teníamos previsto es la cantidad de lluvia torrencial que nos cae por el camino y el pésimo estado de la carretera, que a pesar de ser la que una la capital con la segunda ciudad del país, tiene algunos tramos con unos agujeros en los que puede colarse la furgoneta entera. Así que en lugar de a las 19.30 como estaba previsto, acabaremos llegando a nuestro hotel de Battambang a las 21.00 pasadas. Y agradecidos de que no nos haya pasado nada por esas carreteras infernales.

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