Tifoneando por Filipinas

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Viaje a Filipinas de 2 semanas a finales de julio, a las Visayas centrales y orientales. Es decir, tour del llamado “cinturón de los tifones” en el tercer país del mundo más expuesto a desastres naturales tras las islas del Pacífico de Vanuatu y Tonga. Visitamos las islas de Leyte y Samar, arrasadas por la furia de Yolanda cerca de la fecha de mi último cumpleaños (8 de noviembre pasado), a ver si damos con proyectos buenos, bonitos y baratos, en los que emplear con sentido común las generosas aportaciones de los españoles a la cuenta de emergencia que abrió Manos Unidas con motivo de la tragedia. Pronto descubriremos las dimensiones de ésta, cuando al llegar a Filipinas nos encontremos con una nueva manera de contar la Historia: ya no se habla de “antes de Cristo/después de Cristo”, sino de “antes de Yolanda/después de Yolanda”.

Viajo con Alberto, uno de los voluntarios del equipo del Sudeste Asiático, para quien éste es su primer viaje, esperando que no se asuste mucho y no sea el último. Salimos el domingo 20 de julio por la noche, en un vuelo de Emirates Airlines que con sólo un pequeña escala en Dubai de 2 horas, y por un precio muy competitivo, de menos de 1000 Euros, te pone en Manila en un tiempo record de 19 horas. En el tramo Madrid-Dubai viajan algunos españoles además de nosotros, entre ellos una pareja de vascos que me caen justo detrás y con los que bromeo a la hora de colocar el equipaje de mano en los compartimentos superiores que, siendo de Bilbao, ellos pueden dejar el suyo donde les salga de los c… Me dicen, riéndose, que no son de Bilbao, sino de Vitoria, pero a la hora de colocar el equipaje, “como si serían de Bilbao, oye, pues”.
Llegamos en 7 horas escasas de vuelo a Dubai y, tras una conexión de 2 horas justas en un aeropuerto nuevo, de color blanco y mucho más discreto que la horterada con un atrio de palmeras doradas y estética de Jesús Gil que yo recuerdo de mi paso por allí unos años antes; embarcamos en el segundo Boeing 777, rumbo a Manila. Aquí ya no hay otros españoles en el pasaje. Son casi 9 horas de vuelo, de las que me paso durmiendo profundamente unas 7, porque el menú de películas de Emirates, sorprendentemente, es una birria comparado con el resto del servicio de la aerolínea y además, mi Kindle, el libro electrónico, decide inoportunamente dejar de funcionar.

Aterrizamos en Manila sin mayor novedad y observamos que, a pesar de lo que hemos visto en las noticias, no llueve. Si llegamos a volar en la fecha inicialmente prevista, justo una semana antes, habríamos aterrizado a la vez que el tifón Glenda, que con vientos de 220 km/h y lluvias torrenciales, ha sembrado el caos en la capital y en toda la mitad sur de la isla de Luzón y buena parte de las Visayas. Pasamos por inmigración, donde nos atienden sendos oficiales con un apellido español bien visible en la solapa del uniforme (Navarro, Juan) pero que no hablan ni palabra de español, como suele ser lo habitual aquí. Los apellidos indígenas filipinos fueron adaptados obligatoriamente al español por el Decreto de Clavería (llamado así por el gobernador español que lo dictó) en 1810. Tras la independencia del país, conservaron el formato español de los apellidos, aunque lamentablemente perdieron el idioma.

De todos modos, el idioma filipino está tan plagado de palabras españolas, que yo suelo decirles que hablan español, pero no lo saben: los números, los días de la semana y los meses se dicen como en español. DSC01317Y luego hay infinidad de palabras, con la única diferencia de que a veces las escriben algo diferente: apellido, notario, atrás, derecho, botica (escrito con k), parroquia (también con k en vez de q), público (de nuevo con k), compartimento, año, sigue (pronunciado sigui, que significa vale, OK), “comostá” (el saludo habitual), lechón (el plato mayor de cualquier fiesta), escuela (escrito eskwela en el dialecto visayano), turbina, rotonda, basura, chorizo, abierto, sopa, caldo, arroz, brigada, fiesta (la DSC01049del pueblo de cada uno, el día más importante del año), novena (la serie de 9 días de misas), Misa del Gallo, “cariñosa” (un baile típico de aquí, como lo es también la jota)… la lista es interminable…

DSC01066DSC01323DSC01318DSC01387DSC01319La conexión con México por la vía del galeón que viajaba entre Acapulco y Manila, trayendo plata y llevando sedas y especias, ha dejado una marcada influencia en este país, que yo suelo decir que no tiene nada de asiático y es sólo un montón de pedacitos de tierra que se desprendieron del istmo centroamericano y bajaron escurriéndose océano abajo, hasta quedarse parados aquí. El catolicismo casi fundamentalista, la calidez, la hospitalidad, la alegría, el machismo, los tacos (dicen pendejo, chingar,…), las fiestas, los hacenderos (también se llaman así aquí, con la hache aspirada), la corrupción, la violencia, el “ahorita, ahorita” que les hace tomarse la vida tan relajadamente… todo importado de México gracias al galeón. Y según cuenta  el misionero claretiano Ángel Calvo, en las novenas del norte de la isla de Luzón siguen incluyéndose preces aún hoy día “por el feliz arribo del galeón”, tal cual, sin saber cuál es el galeón ése por el que rezan.

Llegamos a la terminal 1 del aeropuerto de Manila, mucho más antigua que la 3 a la que llega Thai, que es la compañía con la que hicimos el viaje del año pasado. Quizás es por eso que nuestras maletas tardan casi una hora en salir y en lo que Alberto se queda esperándolas junto a la cinta, yo voy a cambiar dinero a uno de los bancos de la misma sala de equipajes. Es el que ofrece mejor cambio y lógicamente tiene más cola. Detrás de mí en la fila hay un típico producto que se ve mucho por estos lares asiáticos y que siempre me revuelve el estómago: un americano enorme, viejo, gordo y feo con una chica filipina jovencísima y minúscula a su lado. Éste se refiere a ella como su esposa (aunque vete tú a saber) y le cuenta a otro que van a no sé donde, de vacaciones a visitar a la familia de ella. La “esposa” abulta lo que uno de nuestros críos de 8 o 10 años y no tiene pinta de tener más de 15.
Cambiado el dinero y recogidas finalmente las maletas, salimos al encuentro del taxi que he pedido al hotel que nos envíe, porque yo ya tuve un altercado muy desagradable con un taxista del aeropuerto en el viaje del año pasado y tras 19 horas de vuelo y con un calor viscoso que se te pega a la piel como una baba, no me veo en condiciones de enfrentarme a ningún taxista sinvergüenza en medio del caos de tráfico que reina a la salida de la terminal. Así que agradezco la feliz idea que he tenido cuando nada más salir, vemos a un señor con camisa verde clara al estilo tradicional (tipo guayabera), que porta un cartel con mi nombre y que llama enseguida por el móvil al taxista, que estaba aparcado fuera de la terminal. Embarcados en el coche, no hay nada de tráfico a estas horas y llegamos a nuestro hotel en Makati (el distrito de negocios de Manila) en menos de 15 minutos. Nos alojamos, como siempre, en el centro de convenciones del Asian Institute of Management (AIM), un centro de enseñanza de post grado de gran prestigio, donde han estudiado MBAs la gran mayoría de los profesionales que trabajan en las ONGs e instituciones de desarrollo de Filipinas con las que trabajamos. Se encuentra en la esquina de las calles Trasierra y Benavides, en Legazpi City, uno de los pueblos que, unidos, forman la gran conurbación que es MetroManila. Repartidas las habitaciones, nos retiramos a nuestros aposentos a descansar, no sin antes dar señales de vida a la familia y a la oficina gracias a esas maravillas de la tecnología que son Whatsapp y Skype.

Al día siguiente, desayuno en un café del centro comercial Greenbelt, próximo al hotel, en una mesa fuera, dando al hermoso jardín tropical que alberga el centro comercial en su interior. Y vuelo a mediodía a Tacloban, la ciudad de la isla de Leyte por donde pasó el ojo del huracán Yolanda y que ya nos resulta familiar de tanto verla por la tele. El aeropuerto sigue presentando muchos desperfectos 8 meses despuésDSC00602DSC00606 y las tareas de reconstrucción van despacio, como ocurre en la inmensa mayoría de los edificios públicos que veremos en estas 2 semanas, a pesar de los miles de millones recibidos por el Gobierno filipino de la comunidad internacional.DSC00605

Al llegar nos recibe el grupo de maleteros del aeropuerto, que entona al unísono un cántico de bienvenida con el que también ofrecen sus servicios. Al ver el estado de la única cinta transportadora, comprendemos rápidamente que no se va a mover, sino que las maletas simplemente son depositadas sobre ella por los maleteros y de ahí se recogen. La ciudad de Tacloban se extiende en torno a una bahía en forma de concha, con el aeropuerto en un extremo. Se abre sobre la gran bahía de San Pedro y San Pablo, que en su parte más ancha la separa de la isla de Samar y en su parte más estrecha, deja a las 2 islas casi pegadas, de forma que se unen por un puente metálico de color rojo, magnífica obra de ingeniería que cruzaremos varias veces en este viaje y que salva así el estrecho de San Juanico.

Recogemos nuestras maletas, subimos al taxi y nos adentramos de cabeza en el circo humanitario en el que se ha convertido toda esta isla, especialmente la ciudad de Tacloban.

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2 respuestas a Tifoneando por Filipinas

  1. Juan Garrido Perea dijo:

    Esta segunda versión, está mejor que la primera….pero cuando te vas poniendo a tono, se acaba. Yo durante años he usado un medicamento que se llamaba DECLOBAN. Por eso el lepero dice que a él no se lo come Wel.

    Date: Wed, 30 Jul 2014 11:11:55 +0000 To: garridoperea@hotmail.com

    • Bueno, que yo sepa sólo he publicado una única versión, así que no sé muy bien a que te refieres con lo de la primera y segunda versión,pero celebro que te guste, en cualquier caso. En cuanto a lo de subir el interés hacia el final, ya sabes que es un viejo truco literario, empleado desde Sherezade y sus cuentos de las 1000 y una noches,para que te leas también la siguiente entrada.

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