El circo humanitario ha llegado a la ciudad

Lectura recomendada: El espejismo humanitario: la especie solidaria al descubierto, de Jordi Raich. Ed. Debate, 2004.

En el aeropuerto de Tacloban hay una enorme pista de cemento que construyó el ejército americano en apenas unas horas (y consiguieron que fraguara en tan escaso tiempo), para que pudieran aterrizar los aviones militares de carga que trajeron los primeros suministros humanitarios para atender a los miles de víctimas que causó el súper tifón Yolanda. La mayoría de las más de 6000 víctimas mortales se produjeron en esta ciudad de 200.000 almas, según el censo de 2010, y fueron causadas por 3 enormes olas (tsunami) que engulleron hospitales, casas, almacenes, escuelas y todo lo que se les puso por delante, porque en las horas de la madrugada en que el ojo del huracán pasó por aquí, había marea alta. Junto a la pista de cemento que construyeron los americanos, hay una fosa común que acoge a cientos de cuerpos, como la hay también en el jardín de la catedral de Palo, entre otros sitios. Cuando el Papa Francisco visite esta isla el próximo mes de enero, para una visita de apenas 7 horas, está previsto que celebre misa sobre esa pista de cemento por el eterno descanso de las víctimas que reposan en la fosa común junto a ella y por tantas otras.

Nos acomodamos en el taxi de nuestro amigo Rowell, que a raíz de ese pequeño trayecto desde el aeropuerto se convertirá en nuestro taxista de cabecera en Tacloban, para este viaje y para otros en el futuro.

El Toyota blanco de Rowell, que ya tiene sus añitos, avanza por una carretera estrecha que a ambos lados ofrece un espectáculo con el que conviviremos a lo largo de las próximas 2 semanas: tiendas de campaña de todas las formas posibles y chabolas reconstruidas con planchas de contrachapado, fragmentos de chapa galvanizada y, sobre todo, lonas, de color blanco y azul. Se puede elaborar un listado completo de todas las ONGs, agencias de la ONU y organismos diversos de ayuda humanitaria, que en el mundo son, simplemente contando los logotipos y anagramas estampados en las famosas lonas: UNHCR (las siglas en inglés del ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados), la IOM (Organización Internacional de Migraciones, otra agencia de la ONU), OCHA (la Oficina de Acción Humanitaria de la ONU), Samaritan’s Purse (literalmente, la bolsa del samaritano, una ONG protestante americana), USAid (la agencia de cooperación del gobierno yankie, que nunca olvida la coletilla “from the American people”), IrishAid (la del Gobierno irlandés), UKAid (la del Gobierno de Su Majestad británica, también con la coletilla “from the British people”), Trocaire (ONG católica irlandesa que es miembro de la red internacional CIDSE, al igual que Manos), el CRS (Catholic Relief Service, la Caritas americana, invitados a marcharse de CIDSE por seguir demasiado fielmente las directrices del Departamento de Estado), Plan Internacional, la Cruz Roja Internacional, la Filipina, la Coreana, la Alemana, la Americana, el Socorro Islámico Francés, la fundación budista taiwanesa Tzu-Chi… la lista de payasos de este circo humanitario es realmente inacabable.

DSC00643Y 8 meses después de la tragedia, vemos los usos que los filipinos han ido dando a las toneladas de lona suministradas (como dice Alberto, hay suficientes como para envolver el archipiélago de más de 7600 islas enterito): no estando previsto que en este clima y humedad durasen más de 6 meses, a día de hoy siguen constituyendo el techo y las paredes de muchas viviendas, los toldos de otras, los DSC00674techos de los puestos del mercado…DSC00800

Hay que tener en cuenta que Filipinas, un archipiélago súper poblado, con más de 100 millones de habitantes, es el país de Asia con más vivienda ilegal, es decir, aquel en el que hay más gente que llega a un terreno y planta en él su chabola, sin importar si el terreno sobre el que vive es del Gobierno o de un particular,DSC00639 DSC00642 o incluso si está en una zona en la que construir es ilegal por razones de seguridad, por ejemplo. De modo que uno encuentra gente que vive en el mismo borde de la carretera, en el perímetro de 10 metros que es obligatorio dejar libre por la servidumbre de la vía, o en la misma playa, en la llamada “no build zone”, la zona de 40 metros desde la orilla que debe estar libre de construcciones en función de un decreto presidencial emitido a raíz de la tragedia de noviembre, que intenta con escaso éxito que DSC00641la población que vive en la costa – pescadores que habitan una chabola desde la que vigilan su barca, en su mayoría –  se traslade a zonas más seguras. Pero no hay planeamiento urbano alguno, ni políticas de vivienda, ni intención por parte de la Agencia Nacional de Vivienda ni de los ayuntamientos de realojar a la gente. La gran mayoría del suelo, tanto urbano como de uso agrícola, es propiedad del Estado y de un escaso número de familias terratenientes – los hacenderos, pronunciado en filipino con la h aspirada – que no tienen la más mínima intención de cederlo o de venderlo a bajo precio. De modo que el sueño de la inmensa mayoría de los filipinos es llegar a ser propietarios del pedacito de tierra sobre el que han construido su casa, aunque éstas curiosamente se venden y compran tal y como si en verdad fueran los propietarios.

Y en nuestro breve trayecto desde el aeropuerto vemos también en lo que se están empleando los fondos de la cooperación, para asistencia a las víctimas del tifón, fondos provenientes en la inmensa mayoría de nuestros bolsillos como donantes y contribuyentes. Como por ejemplo  en los puestos con 3 cubos para separar la basura entre plásticos, papel y residuo orgánico con los que un grupo de agencias (USAid, CRS, Trocaire, Irish Aid, UNICEF) ha sembrado el barrio más próximo al aeropuerto, cuando la recogida de basuras aquí se hace por medio de camiones de los recogedores informales. Son un grupo de críos que se bajan del camión y recogen todos los desperdicios y los apilan todos juntos en la trasera de éste y luego se suben sobre ellos, con un sistema muy similar a cómo los gitanos recogen ilegalmente los cartones o los trastos viejos en nuestras ciudades. Y, por supuesto, no separan residuos.

DSC01413 DSC00607La gente está acostumbrada a tirar todos los desperdicios juntos, dentro o fuera del cubo, donde caigan y además luego, cuando la basura se tira en la cuneta de las carreteras (que es un sitio  muy habitualmente utilizado como vertedero), como bien dice Alberto, la separación de residuos consiste en que parte de la basura cae por delante del quitamiedos y la otra, por detrás y así queda “separada”. Pero ahí están tan pichis los puestos con sus 3 cubos para separar residuos.

Un simple recorrido por la ciudad nos permite comprobar fácilmente que el aluvión de agencias humanitarias ha supuesto también un negocio espectacular para los concesionarios de coches: uno de los edificios más impresionantes y enormes de Tacloban, en la principal arteria comercial de la ciudad, la Avenida Veteranos, es el concesionario de Toyota, que no muestra señal alguna de desperfectos causados por el tifón Yolanda. Encontramos también flamantes concesionarios de Isuzu y Chevrolet y el de Ford, en plena expansión.

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DSC01391Supongo que tras unos meses tan boyantes, está más que justificado expandir el negocio. Se podría trazar también el mapa de todas las agencias humanitarias, ONGs y agencias gubernamentales de desarrollo (como la que sufragamos a costa de nuestros impuestos, la AECID) sólo siguiendo los anagramas y logotipos que figuran bien visibles sobre los coches.

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DSC01397Pronto tenemos ocasión de comprobar que, según reza el refrán, no hay bien que por mal no venga y la irrupción de Yolanda el mes de noviembre pasado, ha supuesto la transformación de un pueblón horroroso de feo y sin hoteles ni restaurantes agradables para el gusto occidental, en una pequeña ciudad de provincias en la que están surgiendo como setas, junto a las oficinas de las agencias de la ONU (la OMS/WHO, la sede conjunta del PNUD/OIT/OCHA) una serie de hoteles, cafés y restaurantes que perfectamente podrían estar en cualquier ciudad europea o de Estados Unidos y que atienden la demanda de los cooperantes internacionales (un 99,9% yankies) instalados en la ciudad tras el tifón.

DSC01394DSC01392Estos son en su inmensa mayoría mujeres jóvenes, yankies, como digo, con los dientes de caballo enormes, todos iguales, propios de quien ha llevado ortodoncia desde el vientre materno; vestidas con los pantalones cortos (shorts) de los que en su país no se apean desde que salen los primeros rayos de sol de la primavera hasta que vuelve el otoño; y con camisetas ajustadas, de tirantes, enseñando trozo y medio de sujetador como poco.Created with Nokia Smart CamCreated with Nokia Smart CamDSC00656DSC00654

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DSC01048Eso, en un país tan católico como Filipinas y en una región, ésta de Bisayas, especialmente católica y ultra conservadora donde nunca se ve una mujer con la falda por encima de la rodilla ni con los hombros al descubierto, por mucho calor que haga. Y donde el atuendo más habitual de trabajo de las mujeres filipinas que acompañan a la yankie de turno y que trabajan también para la ONG o la agencia de la ONU que sea, suele ser pantalones largos vaqueros o de alguna tela oscura y una camiseta tipo polo con el logotipo de la organización para la que trabajan.

Por las mañanas es habitual ver que uno de estos grandes todo-terrenos se para a la puerta de uno de los cafés y la yankie de turno con alguna compañera filipina baja a comprar los cafés (en vaso de papel) y pastelitos del desayuno (muchas veces son cupcakes, esas magdalenas yankies grandes y cubiertas de toneladas de azúcar de colores que se han puesto de moda en España, o pastelitos de cereales y frutos secos) que se llevan para la oficina en una bolsa de papel, en una escena absolutamente impropia de una pequeña ciudad de provincias en Filipinas, pero de lo más habitual entre oficinistas de Nueva York, París, Londres o Madrid. El precio de un café en vaso de papel mediano, tipo Starbucks, está en torno a 1,20-1,30 Euros. O sea, como la tercera parte que en un Starbucks de Europa, pero inalcanzable para la gran mayoría de bisayanos (ya antes de Yolanda, ésta era una de las regiones más pobres de Filipinas). Está claro que a quien apuntan este tipo de establecimientos no es a ellos.

DSC00745DSC00746A la hora de la cena, es habitual encontrarte a los cooperantes yankies en el restaurante de nuestro hotel, con sus pantalones cortos y sus chanclas de playa, que igual se quitan a mitad de cena para hurgarse a conciencia los pies y casi ponerlos encima de la mesa (y no es una exageración de las mías, lo vimos hacer a la hora del desayuno en la mañana del sábado 2 de agosto, nuestro último día en Tacloban).

El hotel  XYZ, sin ir más lejos, en el que hemos reservado habitación, corresponde a esta categoría de nuevos establecimientos. Lleva abierto escasamente un par de meses y cuenta con un primer edificio de 36 habitaciones, distribuidas en 7 alturas, en cuya parte trasera están levantando a toda prisa un segundo edificio (y sufriremos los golpes constantes de las obras, desde las 7 de la mañana, en la parte final del viaje). Aquí no conocemos congregaciones que nos puedan dar alojamiento, así que lo hemos escogido por la facilidad de reservar por internet y sus precios competitivos, por debajo de otros hoteles de la ciudad que encima no son tan nuevos, su ubicación en una calle céntrica y segura (la Padre Zamora Street) y el servicio deWifi gratuito en las habitaciones, fundamental para mantenerse conectados con la oficina y la familia. Nos dan habitaciones en la planta tercera y la mía, la 305, volveré a ocuparla cuando pasemos de nuevo por allí, el sábado siguiente, a la vuelta de Samar. Y al entrar en la habitación, lo primero que hay que hacer es apagar el aire acondicionado que suelen dejar puesto las camareras que hacen las habitaciones. Lo ponen a 15-16 grados (y hasta a 11 grados y a cero nos lo hemos encontrado), a fin de refrigerar la habitación en lo que la limpian (las ventanas normalmente no se abren). Con lo cual, aquello es una nevera en la que cuesta recuperar una temperatura normal, aún cuando pares el aire acondicionado nada más tomar posesión de la habitación. Sin ir más lejos, la noche anterior, en Manila, yo he tenido que dormir con unos pantalones por debajo del camisón de verano, un jersey por encima de éste, calcetines y una manta de viaje de Cachemira, regalo de boda rebotado de mi amiga Pampa, que me llevo siempre a los viajes y me ha salvado ya de más de un apuro en sitios como Ecuador, Etiopía o Vietnam. Esta costumbre filipina tan poco bioclimática de poner el aire acondicionado de coches, restaurantes y hoteles con el ventilador a tope y a 16-18 grados (cuando fuera hay 29 o 30 grados y algunos días, 23 ó 25, con lo que no haría falta poner aire acondicionado alguno), me acaba costando ya desde el primer día una rinitis alérgica constante y me deja las mucosas en carne viva, con unas buenas anginas y una tos agarrada a la garganta y me abona a la bilastina, el paracetamol, el Algidol y la lizipaína para el resto del viaje. Ellos, en lugar de apagar el maldito aire acondicionado (cuyo uso indiscriminado además no relacionan con el cambio climático, causa directa de los tifones cada vez más frecuentes y fuertes que después arrasan sus vidas), me ofrecen como remedio tradicional el maravilloso té de jengibre que también consumen los vietnamitas y que notas cómo te cicatriza la garganta según lo vas bebiendo.

DSC00659Las habitaciones son amplias, con un buen escritorio, televisión de pantalla plana colgado en la pared y 2 camas de 1,05, están decoradas en tonos grises con un chal al pie de las camas de un color diferente (beige, morado), a juego con el sillón que hay ante el escritorio. Podría ser perfectamente cualquier hotel de las cadenas NH o AC en una ciudad europea. Y el baño tiene una ducha amplísima y modernísima y un espejo con luz integrada en el propio cristal, que se enciende tocando el círculo bajo el puntito de luz verde y que yo no había visto nunca antes.DSC00634DSC00630

Hemos llegado a una hora muy mala (las 2 y pico de la tarde), porque los filipinos ya han comido (lo hacen a las 12) y todavía no ha llegado la hora de la cena (las 6 de la tarde), por lo que decidimos salir a dar una vuelta corta (con este calor húmedo que te derrite) por la zona del puerto, donde hay un mercado todo lo caótico y sucio que uno puede esperar en un sitio como éste. Antes de llegar al puerto, a sólo unas cuadras (que dirían los parientes mejicanos de esta gente) de nuestro hotel, nos topamos con uno de los escasos edificios que se están construyendo con una estructura sólida y fuerte, de hormigón, que aguante tifones: un centro comercial de la cadena “Ahorramás” en versión filipina (Savemore). El edificio está pegado a un banco que tiene también aspecto de búnker y que parece haber aguantado bien el paso de Yolanda.DSC00633DSC00632                El recorrido por las calles del puerto permite comprobar cómo las lonas facilitadas por USAid, Samaritan’s Purse y otras agencias humanitarias, han sido aprovechadas para reponer el techo de los puestos de venta, dado que el tejado del edificio del mercado en sí, ha salido volando y éste está inutilizado, por lo que los puestos reconstruidos con tablas y lonas se alinean ahora contra el muro exterior del edificio del mercado, en la calle.

De regreso hacia nuestro hotel llegamos hasta el final de la calle del Padre Zamora y vemos una de las iglesias principales de la ciudad, la del Santo Niño, patrono de Tacloban cuya imagen preside numerosos edificios y negocios de la ciudad, como por ejemplo la oficina de cambio de moneda y transferencias de dinero que tenemos frente al hotel, por aquello de que nunca está de más encomendar a la Providencia divina nuestros asuntos de dinero.

DSC00626La iglesia del Santo Niño ha perdido el tejado, como casi todos los edificios,  por lo que el templo está siendo rehabilitado y las misas se celebran enfrente, en el parque José Rizal (el héroe de la independencia fillipina), bajo una estructura metálica temporal con tejado de chapa galvanizada, abierto por todos lados menos por el frente, que es donde se ubica el altar. En el templo se ha cerrado la entrada a la nave central con planchas de madera y se han habilitado un par de capillas en el vestíbulo de entrada, trasladando un crucifijo y algunas otras imágenes desde el interior del templo, ahora dominio absoluto de los obreros que lo reconstruyen.

El muro que forma la jamba de la puerta principal de la iglesia, sirve ahora de tablón de anuncios de las vacantes y convocatorias de las ONGs y agencias estatales y supranacionales, que buscan todo tipo de personal local, desde gestores de proyecto hasta contables, pasando por expertos en seguridad alimentaria, en saneamiento, en movilización de equipos… Entre los anuncios, encontramos una convocatoria de la AECID, la agencia de cooperación del Gobierno de España, para la construcción de una depuradora de residuos hospitalarios para el Centro Médico Regional de Bisayas Oriental que la AECID ha financiado a través de la ONG española Médicos del Mundo. Parece que no todo el dinero de nuestros impuestos se ha ido en cochazos.

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Es lunes y la iglesia provisional del parque Rizal tiene muchísimas filas de bancos, pero hay misa y y hay bastante gente, son pocos los bancos desocupados.

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En el patio de la iglesia hay una estructura de hojas metálicas que se montan como las escamas de un pez para acabar dando lugar a una estructura de forma alargada , como huevo partido por la mitad DSC00625longitudinalmente que a mí me recuerda indistintamente al OVNI de cristal de la estación de cercanías y metro de Sol y a las granjas de pollos que DSC00627adornan la provincia de Guadalajara, que en algún momento de la historia reciente de nuestro país llegó a ser la provincia con más huevos de España. Es una típica estructura provisional, que lo mismo vale de escuela que de almacén u hospital y en uno de sus extremos exhibe el logotipo de la ONG que la ha donado y que parece que también se está haciendo cargo de la reconstrucción de este templo católico: la fundación budista Tzu Chi, de Taiwán.

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DSC00617Y en el parque de José Rizal, frente a templo que está siendo reconstruido y junto a la parroquia provisional, vemos un enorme panel que explica en qué va a consistir la reconstrucción de la iglesia y que me deja con la sensación de que, para algunos, la llegada de Yolanda ha sido una auténtica bendición porque ha tirado abajo construcciones e infraestructuras de pésima calidad y peor gusto, que ahora se pueden volver a levantar con calidades infinitamente mejores y además se pueden acometer obras (como la recuperación del retablo del siglo XVIII de esta iglesia, que llevaba décadas tapado por la cal) para las que hasta ahora no había fondos disponibles.

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Pues ha llegado Yolanda, como Santa Claus por Navidad y ha traído una millonada de fondos con los que ahora sí se pueden hacer esas obras, especialmente a cuenta del sector privado, porque de la lluvia de miles de millones de dólares que le ha caído al Gobierno filipino y que no se está gastando, en espera de hacerlo en  la campaña electoral a la Presidencia del país, en 2016, ya hablaré en otra entrada de este blog. Tacloban, la ciudad con más víctimas mortales y más viviendas e infraestructuras destruidas, pertenece a la Archidiócesis de Palo (pronúnciese con la última vocal acentuada), cuyo titular espera con alegría la visita de Su Santidad el Papa Francisco el próximo mes de enero y que ha hecho de la reconstrucción de las iglesias la prioridad absoluta, por encima de otras necesidades como vivienda, saneamiento, escuelas… de modo que la catedral de Palo, que tendremos ocasión de ver al día siguiente, está impecable, no ya sin signo alguno de que haya pasado por ella el tifón, sino como si la hubieran terminado de construir la semana pasada.

Visitada la iglesia del Santo Niño, regresamos al hotel para una cena temprana (ese día no hemos comido) y nos vamos directos a la cama , que al día siguiente a las 8 de la mañana nos recoge la Hermana María Josefina Carrasco Silvestre (conocida como Sister Jojo cuando hay confianza), de las Salesianas, para llevarnos a ver sus proyectos en la isla de Samar y de ésta de Leyte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 respuestas a El circo humanitario ha llegado a la ciudad

  1. Interesantisimo, como siempre. La cooperación esta claro Que también es un negocio.

    • Así es, la industria de la ayuda, en la que la mayor parte de los recursos se queda por el camino. Del resort de la Cruz Roja Internacional en una de las maravillosas playas de Samar, ya hablo en la próxima entrada

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